jueves, 12 de noviembre de 2015

Quise burlar a la muerte - Hipólito



Cuando más feliz me sentía,
se me apareció la muerte
y dijo que por mí vendría
a los tres días siguientes.

Cogí el coche y marché,
viajando bajo la luna.
Conduje toda la noche
para burlar a la gatuna.

Lejos, muy lejos me fui,
creí que no me encontraría.
pero ella, apareció allí,
transcurridos los tres días.

Dijo que una orden tenía
del supremo sentenciador
y en este lugar me cogería
por mandato superior.

Me contó la montuna
que me abordó aquel día,
sabiendo que mi infortuna
hasta allí me llevaría,
por eso vino la muy tuna…
Cuando más feliz me sentía.




Hipólito


miércoles, 28 de octubre de 2015

Fe - Pensamiento de Joel





Siempre intenta descifrar lo que te enseña la vida, si confías en ti mismo, podrás encontrar agua en el desierto, flores sobre el hielo y calma en la tempestad. Si dejas que el timón de ese barco llamado Alma haga de guía por ti, descubrirás la infinidad de tus posibilidades.



Joel




lunes, 6 de julio de 2015

Haikus estivales - 3ª y última entrega - Kairos42



Lluvia en junio,
¡Qué fiesta, vegetales,
para las raíces!

En la canícula,
alacrán busca fresco
bajo la piedra.

Un gorrión
se acerca cauteloso   
al charco de agua.

Alas de búho
en la noche de agosto 
¡Huye, ratón!

Tierra y agua,
magia en horno de barro,  
fuego y aire.



Kairos42





martes, 30 de junio de 2015

Tocados por la tramontana - Laura Mir - 1er. Premio FRASELETREANDO




Claire, vino del norte con el hielo incrustado en la médula y restos de drogas corriendo libremente por sus venas.

Cuando la edad la cubrió por completo de inutilidad para pasar modelos, fue demasiado el frío y el vacío que sintió. Tanto, que sin muchos miramientos y en un santiamén, hizo su maleta y se alejó sin mirar atrás.

Al llegar, se hizo edificar una casa en punta del este, a pie de faro y al borde del acantilado, a la misma altura donde vuelan las águilas.

Y para ser la primera persona del planeta en calentarse con los matutinos rayos del sol, se hizo construir una ventana.

¡Era tanto el helor interno!

¡Fueron tantas las discusiones con el constructor!

¿Una excentricidad más, un sinsentido nuevo para llenar su vacía existencia?— Se preguntaba con pesar, una y otra vez, cuando el fuerte viento la arrastraba al interior de la vivienda para evitar el peligro mayor de caer al mar y esa solitaria ventana le daba tanta vida...

De ese modo, llenaba sus días, de realidad e irrealidad, escribiendo sus memorias a sabiendas de que no le importarían a nadie.


Joan, andaba dando palos de ciego. Lo había perdido todo, fue de los mejores contratistas de la costa. Ahora, su dorado pasado habitaba de alquiler en su recuerdo y en un cuartucho de tres por tres; porque la crisis, los bancos y su mujer, no le dejaron ni al perro.

Cada amanecer al despertar de la turca, su primer pensamiento, era tirarse al río, pero en la zona no existían caudales con la suficiente profundidad como para ahogarse. Desalentado hasta con los afluentes, se iba al bar y se sumergía en el fondo de las botellas hasta el día siguiente.

Cuando oía cantar aquello de Serrat:

De vez en cuando la vida nos besa en la boca.

Espetaba sin pensar:

— ¡Y el culo, no me jorobes!

Así pasaba las jornadas, de tasca en tasca pensando que algún día, cuando tuviera ganas y sobriedad suficiente, subiría al acantilado del faro, donde aquella guapa, pero loca mujer, le hizo construir una ventana extraña para ser la primera en ser tocada por el sol cada mañana. Otro desperdicio de la humanidad.

Y se tiraría… vamos si se tiraría, a sabiendas de que no le importaría a nadie.


Aquella mañana de Junio, el viento soplaba más fuerte de lo habitual y a Claire le dolía mucho la cabeza, tanto que era incapaz de escribir, con todo lo que tenía que decir. Ahora entendía eso de: Tocat per la tramuntana*. Era para volverse loca.

Sólo podía mirar por la ventana, y fue cuando vio a aquel pobre infeliz dando tumbos en dirección al acantilado, luchando contra el viento que lo arrastraba. Ni siquiera lo pensó, ni siquiera se arregló el pelo, ni miró lo que llevaba puesto, simplemente salió corriendo siguiendo los pasos del desdichado.

Pudo alcanzarlo en el borde del risco y cogerlo por la camiseta. Cuando pensaba que ya lo tenía, una ráfaga los empujó, y ambos se precipitaron al vacío.

Mientras caían, pensaron arrepentidos en la inutilidad de sus acciones, hasta sumergirse en el mar. Al emerger, él le gritó mientras nadaban entre el oleaje hacia la orilla:

— ¿Por qué me has salvado?

Ella, extenuada por el esfuerzo y recordando al constructor y sus discusiones con la edificación, le contestó con un hilillo de voz:

—   Porque necesito que construyas otra ventana.

— ¿Otra? ¿No tuvimos suficiente con la primera?

— Sí, y de sobras. Pero ésta es únicamente para salvarte a ti, para que puedas ver más allá de la punta de tu nariz. 


 Laura Mir


* Tocat per la tramuntana – La tramontana es un viento frío y fuerte procedente del norte, con el poder de influenciar en las mentes de las personas. Usamos ésta expresión para aquellas personas que hacen las cosas de forma poco convencional, o sea, como verdaderas cabras.





Dedicado a mi querido amigo Jaime. Sin agotarse nunca, él construye ventanas donde reina la más terca oscuridad, sólo para que los rayos del sol puedan iluminarme. Ahora sé, que siempre ha hecho y hace: magia con mis imposibles.

                                                                                         
                                                                                    Gracias.



La fuerza del amor - Beni



Siempre he tenido un cuerpo orondo, de dimensiones extraordinarias.

A los veinticinco, y después de haber perdido un peso considerable a base de esos esfuerzos sobrehumanos en los que ponemos a prueba la voluntad de la mente, pude comprar mi primer vestido de confección estándar.

Lo conseguí a base de raciones de risa, qué otra cosa podía hacer: mucho ejercicio, sudando hasta quedar extenuada y cerrando el pico con todas las hambres habidas y por haber en mi interior. Conceptos cruciales para ese fin.

Me sentía tan feliz con mi nuevo cuerpo esculpido día a día, que mantenerme era una decisión inamovible frente a la provocación en fiestas y celebraciones de todo tipo.

Han pasado muchos años y muchos kilos más de aquello; y reconozco que soy una persona que disfruto comiendo. Ahora estoy en esas “edades complicadas”. Esas en que los excesos que cometes y hayas cometido a lo largo de toda tu vida, te pasan factura.

He tenido dos hijos, que también se hacen notar por sus formas corporales. Un marido y dos novios.

Desde que me separé, no había conseguido mantener una relación seria, y mis frustraciones emocionales, las suplía con abundantes ingestas de alimento descontroladas.

Pero de vez en cuando la vida nos besa la boca, sí, sí, eso es lo que me pasó cuando conocí a este hombre que me venera y le gusta mi cuerpo, tal cual es. Me quiere con locura, y lo mejor de todo, es que sus besos, saben a pastel de nata y chocolate.

Confieso que he suplido mis ansias de comer por su amor, he perdido peso y estoy divina. Creo que es la primera vez en mi vida que estoy en perfecto equilibrio.

¡Lo que no consiga el amor!


Beni


Haikus estivales - 2ª Entrega - Kairos42



La blanca playa.
Brillan en piel de niña,    
granos de arena.

Mar amarillo,
           cultivo de cebada             
peina la brisa.

El mar en calma,
    como lienzo de plata       
la luna bruñe.

Verano tórrido.
Los chopos espejean, 
al sol saludan.

En formación,
el batallón de hormigas   
hacia su casa.



Kairos42


                                                           

lunes, 29 de junio de 2015

Un nuevo comienzo - Aurea Martí



— Ya puedes abrir los ojos – dijo Verónica.

Silvia se contempló en el espejo que colgaba  tras la puerta de su dormitorio. Estaba preciosa. Sus amigos habían hecho un excelente trabajo. El maquillaje había quedado natural y discreto. Su cabello estaba recogido en un moño italiano que estilizaba su bonito cuello, y sus manos lucían una elegante manicura francesa. 

Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.

— No llores, cariño, te vas a estropear el maquillaje — dijo Pablo.

— Es que es todo tan perfecto. Estoy tan tan tan…— tartamudeó Silvia.

— Increíble, estás increíble querida – le atajó Natalia.

— Sí, jamás pensé que algún día me vería así de guapa. Gracias chicos. Y este vestido es precioso. No me puedo creer que al final consiguierais que el gran Francelo aceptara encargarse del diseño.

— Para ti lo mejor, preciosa —  dijo Pablo guiñándole un ojo.

— Además te vas a convertir en la señora de Valverde. Eres la envidia de media ciudad — añadió Karina —.Tienes que estar espectacular.

— Sí, es cierto. He tenido mucha suerte. Luis es perfecto. Me trata de maravilla y quiere mucho a Claudia.  

— Qué envidia me das, cariño. Ya quisiera yo uno así para mí. Vas a vivir como una reina. Espero que a partir de ahora que te va a sobrar el dinero, seas un poco más espléndida con tus amigos—. Dijo Pablo guiñando el ojo de nuevo.

— Chicos, ya sabéis que no me importa su dinero. He trabajado toda la vida para sacar a Claudia adelante y no me importaría seguir haciéndolo.

— No te importaría, pero ya no tendrás que hacerlo— replicó Karina sarcásticamente.

— No. Ya hablé con mi encargado en el Petit Moulin Rouge. El martes fue mi última noche.  Hicieron un espectáculo especial como despedida y les prometí que iría a verles de vez en cuando.

— Dudo mucho que vuelvas a pisar ese lugar. No es más que un tugurio. No sé ni cómo aceptaste trabajar allí. Una vez casada es mejor que te olvides de ese ambiente — dijo Natalia.

— A la fuerza ahorcan…

Silvia miró hacia el suelo entristecida. Su vida iba a cambiar radicalmente. Sí, era para mejor, lo tenía claro. Pero un cambio tan drástico le daba pavor.

Natalia que se dio cuenta de su repentina congoja le cogió la mano y subiéndole la barbilla con el dedo índice para mirar a sus ojos, le dijo:

— Alegra esa cara mujer. Al final todo ha salido bien. En unos minutos serás la señora de Valverde y todo el sufrimiento que has vivido hasta hora se irá evaporando. Luis no es sólo rico, es un buen hombre que cuidará bien de ti y de Claudia.

— Y pobre como no lo haga, que si me entero yo de que ese señorito os hace sufrir, se las tendrá que ver conmigo —. Amenazó Pablo.

— Sí, tenéis razón. Todo esto es como un sueño. Soy muy feliz.

— Pues claro mujer. Si es que de vez en cuando la vida nos besa en la boca y hay que disfrutarlo— dijo Karina.

— Exacto preciosa, así que ahora respira hondo y ve a por tu Luis, que seguro que ya ha salido hacia la capilla —.  Apremió Pablo.

— Sí, vamos, vamos, que ya es casi la hora—. Añadió Karina preocupada mirando el reloj.

Silvia se echó un último vistazo en el espejo. Sus lágrimas apenas habían estropeado el rímel de los ojos. Seguía estando preciosa. Natalia le estiró la larga cola del vestido, y todos juntos se dirigieron a la puerta del apartamento. Silvia estaba lista para comenzar por fin a vivir.



Aurea Martí


miércoles, 17 de junio de 2015

La despedida - Laura Mir



He despertado esta mañana con la extraña sensación de que todo ha perdido su sentido original, procura leer esto con calma para que no se disparen las alarmas, porque no es mi intención liarla.

Si me preguntas qué ha pasado, no sabría decirte.

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Peldaños de fuego - Laura Mir & Jaime Ros - Premio a dúo CREA UNA HISTORIA



Sobre peldaños de fuego comenzaría el descenso. Bajaría renunciando al aire que me pesa. Para buscarme en ti. Para encontrarte sin el marco que enjaula esta ventana. Para huir de la luz de la farola que te ilumina, incluso cuando no estás. 

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sábado, 13 de junio de 2015

Carta desde prisión - Nora Biel


Cuando leí tu carta, quedé perpleja y no dije nada. No te imaginas la matona de compañera que tengo, toda o todo tatuado, da miedo. Parece un camionero ruso, igual a los que tú ya conoces. Aunque tengo la suerte de estar bajo su protección, como si estuviera en un tarro de vidrio sumergida...

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viernes, 12 de junio de 2015

El sueño del fracasado - Beni



Mi familia es de origen humilde pero llenos de bondad, vivíamos en un pequeño pueblo de Andalucía, tan pequeño, que no consta en todos los mapas.

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La noche - Benjamín J. M.




Me gusta la noche. Me gusta desesperadamente la noche. Horas mágicas en las cuales todo se confunde, como fundidos en bronce entre las sombras que sólo se diferencian por sus matices grisáceos...

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miércoles, 10 de junio de 2015

Tierra Adelia 1 – Jean Rivolier – Laura Mir


Ya veo que lo tuyo es medir esas dichosas escaleras de todas las formas posibles. Me alegro que quedaras colgando de la barandilla en el último momento, como un hábil trapecista, soy comedida con las comparaciones, y la cosa no fuera más grave.
     
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lunes, 25 de mayo de 2015

ROSA BLANCA 1.898 (Parte VI) - Laura Mir y Julia C.



NOTA: Ante las observaciones de algunos lectores en cuanto a la facilidad de acceso para poder leer esta historia, porque es verdad, ya que no todos tienen acceso a G+ y es un poco de lío. Les dejo una recopilación de enlaces para su mejor comodidad. Pido disculpas por las molestias y doy las gracias por el interés y dedicación que nos muestran. Afectuosamente.

                                                                                                                                                                                                    Laura Mir

RECOPILACIÓN DE ENLACES:

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

Cuarta parte

Quinta parte


ROSA BLANCA  1.898 (Parte VI) 


Guillermo se deshizo en excusas con ella, que no hacían falta porque Blanca era inmensamente feliz por Rosa y por él, si bien nunca lo quiso como marido, le reconocía su valía como persona entera, noble y de muy buenos sentimientos. Era lo mejor que le podía pasar a su hermana. Con esa boda, ganaba una seguridad y posición que las colocaban de igual a igual, ante la sociedad y el mundo, cosa que Blanca por mucho que hubiese querido ni una vez siendo marquesa, hubiese conseguido. Su entorno era demasiado rígido y pocas veces perdonaba la procedencia de las personas. Este enlace arreglaba la situación y acallaba las bocas maldicientes.

Sonreía cada vez que imaginaba el modo en que Guillermo se declaró a Rosa, sabiéndola tan sufrida por todos, seguro que ella le diría:

— Ahora me quedo preocupada por Blanca, qué será de ella, es tanta la responsabilidad de su legado…

Él dudaría un segundo y conociéndolo como lo conocía, con una sonrisa y sus atractivos hoyuelos en las mejillas, le respondería a su hermana:

— Hay que priorizar las preocupaciones antes de consumirnos innecesariamente. Tu inicial preocupación soy yo, solucionemos esto y luego, juntos, arreglaremos la situación de tu hermana.

Se acercaría y la besaría, con ese dulce beso que lo aclaraba todo. Guillermo era así.

Los acontecimientos siguieron, se rompió un compromiso y se inició otro, junto con todos los preparativos de una boda que debía ser maravillosa.

Los meses transcurrieron de locura y ambas compartieron el afán y hacer para que el enlace fuese maravilloso, a veces peleaban por nimiedades, como la elección de las flores o el color de los manteles, paro luego acabar riendo a carcajadas, uniéndolas más y más. Eran tan felices que parecía que se casaban las dos en vez de una.

Después de la boda, Rosa y Guillermo emprendieron un largo viaje de novios del que Blanca no sabía el destino. Su hermana no había viajado nunca y Guillermo quería que todo fuese una sorpresa para ella, quería ver el asombro en sus ojos en cada ciudad, en cada camino, en cada lugar que pararan. La amaba tanto.

Cuando todo era perfecto y parecía que nada podía empañar la dicha que sentía, Ramón volvió a la carga con la responsabilidad del legado, el marquesado y el buen matrimonio que solucionara el gran problema.

Estaba visto que no la dejaría vivir su propia vida ni respetaría sus decisiones, le estaba vetado poder elegir y Blanca, sintiéndose impotente, volvió a cubrirse de un mutismo de consideradas proporciones, lo rodeó todo de ese silencio ensordecedor que sale del alma, y la vida que llevaba, si bien de por sí no era muy interesante, dejó de tener de forma continua, matices atractivos. Lo único que la abstraía de vez en cuando, eran las cartas que recibía de Rosa, que leía y releía, una y otra vez.

Era tanta la presión que Blanca sentía que apenas comía, pasaba las noches sin pegar ojo y perdió interés por todo, sacarla de casa, pasear por los jardines para que le diera el aire se había convertido en una misión titánica. Ramón en realidad estaba muy preocupado por su hija, podía ser riguroso, exigente y conservador, pero inhumano desde luego que no. El quería a Blanca por encima de todo, cuando la veía deambular por la casa en aquel estado, se cuestionaba si en realidad estaba haciendo lo correcto o por el contrario, totalmente errado.

Por eso le sorprendió mucho aquella mañana cuando Blanca le solicitó, el concierto de un nuevo matrimonio, le daba igual con quién y cómo, el único requisito que exigía, y esas fueron sus palabras, es que su futuro marido viviera lejos, muy lejos de allí. A lo que el marqués restauró las consabidas responsabilidades para con el marquesado, a lo que Blanca le contestó en un golpe de coraje, que le daba igual, que buscara quien lo gestionara porque ella ya le entregaba su vida, que hiciera el favor de no pedirle los años que sin ninguna duda la consumirían entre aquellos muros que se habían convertido en una pesada carga, eran una prisión, su prisión. Quería salir de allí y alejarse, casada o muerta, le daba igual, pero que hiciera el favor de no prolongar más su sufrimiento.

Así fue como Ramón movió contactos e hizo gestiones y la casó por poderes con el hijo de un amigo suyo, Jaime Olivares, propietario de una plantación tabaquera en África, donde Blanca viajaría al llegar la primavera.

La buena de Rosa, se dijo Blanca, lo entendería todo.



                                                                                 Continuará…



Laura Mir



Pasaje a K-Pax - Laura Mir y Jaime Ros - Premio a dúo Fraseletreando






La vida tiene estos descaros de mala suerte. Corro, caigo, y sin poder ni sacudir la ropa, sigo corriendo para llegar al tren que me llevará a la pasión de la Semana Santa. De verdad, quería unas tapas, unas saetas y un par de finos y una fina que se deje beber. Dos minutos más, y pierdo el tren. Podía haberlo perdido en lugar de haber encontrado el castigo.

Aquellas noches vuelven inevitablemente a mi memoria. Vuelven, a la hora de que la sábana cubre mi cuerpo. Necesito volar, despejar y airear mi propia alma. Fue un error que se guardó como la llave bajo el felpudo. Llegué tarde a la relación, cuando tuve que haberlo hecho mucho antes. Ahora un simple billete me llevará lejos de aquí, cerca del sol del sur, que me aleje de este frío que trae este mes de marzo.

Lo echo tanto de menos, cuando me meto en la cama es como si me faltara el aire, necesito sentir su cuerpo a mi lado, su peso sobre el mullido colchón, su respiración, su calor… este frío no hay edredón que lo quite. Incluso la perra lo echa de menos, lo busca, husmea y sólo encuentra su vacío. No comprendo cómo pude dejar que la relación se deteriorara tanto. Ahora no puedo pensar en ello, tengo que ir a solucionar un tema personal a Sevilla, increíble en plenas fiestas, con lo poco que me gustan las saetas, las procesiones y el gentío.

Espero que la compañía de asiento se vista de corto y apretado, que tenga sabor a nueva oportunidad, a nuevo inicio, un nuevo aliento que se ahogue mientras deje de exhalarse el antiguo. La maleta es liviana como lo fueron mis razones. Pero son sólo unas horas de viaje, contando traqueteos que suman metros de lejanía.

Pero no hubo ningún sabor a nueva oportunidad en el asiento de al lado. Vino el regusto de lo perdido, de lo que se dejó de ganar, de aquello que se dejó de sentir, para que las entrañas voltearan en el interior de su abdomen.

Tenía pensado que mi viaje fuera placentero, ya saben, un buen libro y un humeante café, necesitaba relajarme, pero no, tuve que encontrarme con él en el asiento de al lado. Tan alto, con esas piernas que estorban en todos sitios, y encima, no me tocó ventanilla, lo veía muy incómodo y con demasiadas reticencias.

— Al margen de nuestras diferencias y habiendo cariño por ti, te cedo el sitio.

— Gracias, para ti es más fácil, porque eres pequeña. Pero para mí siempre fue más difícil, ni encontré el lugar en la cama. Tuviste que meterte tú para probarla.

 — El problema fue del colchón, te dije que de dos metros.

— Dicen que para todos los males, hay dos remedios: el tiempo y el silencio, pero por lo visto a nosotros no nos funciona, seguimos igual cuando nos vemos.

— Pues no sé de qué tiempo hablas. No se dejó que pasase. Ni sé de qué silencio, si tengo aborrecido el sonido del móvil. Lo cambio tres veces al día, para pensar que siempre le suena a otra persona. Pero la dichosa luz, parpadea y parpadea. Y mira que al principio pensé que me sacarías de este planeta para llevarme a K-Pax.

— El problema es que no me escribiste la carta.

— Te escribí cientos de ellas mientras duró lo nuestro. Las dejaba acostadas en la cabecera de la cama, donde dormitaban los cabellos que te iban abandonando.

— ¿Donde la perra iba a dormir mientras trabajábamos?

— Sí.

—  Se las debió de comer todas.

— Resulta que el amor murió entre dentelladas caninas. Culpa del muerto, typical spanish.

— Será tu amor porque el mío sigue siendo el mismo.

Al decir esto, sus miradas se cruzaron, se sostuvieron y comprendieron que nada había muerto entre ellos, sólo las cartas para ir a K-Pax, viéndose sin posibilidad de realizar un viaje interplanetario, decidieron irse juntos tras el Santo Cristo y que fuera lo que este señor en taparrabos quisiera.



Laura Mir y Jaime Ros











domingo, 24 de mayo de 2015

Como lagartos al sol - Laura Mir





Soy consciente de que voy abrir la famosa caja esa de Pandora y cuando nos demos cuenta, todos los demonios de aquellos infiernos de sol y arena nos cubrirán por completo, pero serán vientos nuevos aunque de tormentas viejas, sé que no es consuelo, pero en cierto modo, reconfortan o sólo me conforman, puede que sea el caso.

Lo hago porque hoy he pensado en ti, en mí, en nosotros; en ellos, en los vivos y en los muertos, esos que yacen en las fosas del silencio y la locura; en la gran fractura que provoqué, que provocamos… No, no, no pretendo justificarme, justificarte, a estas alturas y después de tanto tiempo, creo que no hace falta. Nunca nos gustaron las excusas.

Durante estos años me han ofrecido otras cosas, muchas, algunas las he intentado, otras no me han atraído en absoluto, ya sabes como soy de inquieta, me conoces bien y lo que no interesa, sobra.

Ninguna de las que he ido probando me ha llegado a llenar lo suficiente como para quedarme. Lo último ha sido un proyecto de reinsertación social para las víctimas que nos ha dejado esta crisis. Aunque lo pintan bien y es un proyecto piloto en esta zona, no termina de completarme. Tampoco interesa a nadie, ¡cómo te lo cuento!

Nos estamos volviendo todos locos de eso no me queda duda…¡Cuánta razón tenías!

Después de darle muchas vueltas, he pensado en volver al exilio, al plato vacío, al muro sinvergüenza, a la cárcel negra, a las torturas y al barracón. Necesito hacerlo porque quiero sentir sobre la piel nuestros colores y ese tacto tan especial de la gente pequeña, esa gente que con solo buena voluntad hace cosas muy grandes. Quizá sea, porque en estos últimos tiempos sólo he conocido a gentes muy grandes encapsuladas por propia estupidez en círculos muy reducidos.

Ignoro dónde y con quién estás ahora, pero eso nunca supuso un gran problema para nosotros. Porque siempre hemos sido como lagartos reposando al sol, dejándonos la piel en la espera del momento preciso para poder ir, simplemente para luego poder volver y explicarlo.

Porque echo de menos todo eso y más… Te llamaré, pero esta vez te pido que si no podemos salvar a nadie, no te quites las gafas con rabia para tirarlas por encima de los carteles en las marchas negras, fue por lo único que desaparecí.



Laura Mir




La resignación de una mujer - Aurea Martí






Apenas cruzó la puerta de cristal Mercedes divisó a su hija: estaba ubicada en una pequeña mesa de mármol próxima a los baños. Como muchas tardes de invierno, madre e hija se habían citado en una cafetería. Era habitual que quedaran para charlar, de hecho tenían un día estipulado para tal actividad, todos los jueves. Sin embargo, esa tarde era martes. Isabel la había llamado al mediodía:

— Mamá, necesito hablar contigo, pero no por teléfono, ha de ser en persona, quedamos a las siete en la cafetería Pelayo.

Llegó nerviosa, cogió una silla y se sentó frente a su hija.

— ¿Me vas a contar de una vez  el motivo por el que me has citado con tanta urgencia? – preguntó Mercedes.

Isabel no contestó, la angustia de su madre era lo que menos le preocupaba, cogió su taza y de un largo sorbo se acabó el café, se pidió otro y mientras lo traían, habló:

— Me voy a divorciar.

— ¿Cómo? ¿De qué estás hablando? Víctor es el hombre perfecto, trabajador, detallista, buen padre…

Isabel la interrumpió:

— Tiene una amante.

— ¿Víctor?— preguntó Mercedes soltando una carcajada —. No digas sandeces.  Él, te adora.

— No mamá, tengo pruebas — Isabel sacó un sobre del bolso y se lo extendió a su madre—. Compruébalo tú misma.

Mercedes abrió el sobre y vio que había unas cuantas fotografías. Las sacó y las observó detenidamente en silencio, las fue colocando boca abajo sobre la mesa y dirigiéndose a Isabel le dijo:

— Hija mía, no le des tanta importancia, seguro que es sólo una aventurilla. Pronto se cansará de ella y todo volverá a ser como antes.

Isabel estaba atónita. No podía creer lo que su madre sugería.

— No mamá, no puedo perdonarle, esto no.

— No seas ingenua, hija. ¿Acaso crees que eres la única mujer cuyo marido tiene una amante? Cuando tu hermana y tú erais unas niñas tu padre también tuvo una aventura.

— ¡No puede ser!

— Sí hija, sí, como lo oyes. Fue con Paquita, la vecina que vivía en el sexto. Estuvieron juntos unos meses, luego ella se mudó y ya no volvieron a verse.

— ¿Y por qué no te divorciaste?

— Pues por vosotras, hija. Por tu hermana Rosita y por ti. No quería que crecierais sin un padre.

— Lo siento mamá, debiste de pasarlo muy mal.

— Pues sí, hija sí.  Pero ya ves, al final todo salió bien. La aventura de tu padre con Paquita hace años que quedó atrás y ahora estamos mejor que nunca. Hazme caso, no le digas nada a tu marido, sigue con tu vida, actúa con normalidad, no le pidas explicaciones y olvídalo. Seguro que pronto esto tan sólo lo recordarás como una pesadilla. Para todos los males hay dos remedios: el tiempo y el silencio. Así que calla y espera, todo pasará.

Isabel se quedó absorta, reflexionando, tal vez su madre tuviera razón. Terminar tan drásticamente con una relación de más diez años era algo demasiado precipitado y los niños...

Revolvía el contenido de la taza casi vacía con resignación, mientras decidía darle otra oportunidad, pero sólo una. Decepcionada, sorbió el último trago y le supo muy amargo, tan amargo como ese momento de su vida.


Aurea Martí