jueves, 8 de febrero de 2018

Bellotas con leche - El reencuentro - J. R. Carrero






   —¿Si?
   —Fabio, soy Toni… Tu primo.
Ambos permanecieron en silencio durante unos segundos, escuchando el sonido efervescente de la línea telefónica.
   —Es una broma, ¿no?
   —No, no es ninguna broma, soy yo.
   —¿Cómo coño te atreves hijo de puta? Me matarían si supiesen que…
   —Venga Fabio, de aquello han llovido mares.
   —Sí, hace mucho tiempo, exactamente once años, pero hay cosas que no se olvidan, recibí unas cuantas palizas por tu culpa. Pensaba que me matarían. Tuviste suerte de que no supiese nada, de no ser así, hubiese cantado como un pajarillo sin ningún remordimiento. ¡Maldito soplón!
   —Ahora soy taxista en Roma.
   —¿Qué? ¿De qué va todo esto? No quiero saber nada de ti. Voy a colgar.
   —No cuelgues Fabio, sólo escucha lo que te tengo que decir, luego tú decides. Sé que te puse en un compromiso, pero créeme, no me quedaba otra opción, tenían cargos en mi contra para meterme en el trullo al menos veinte años. —Toni esperó una respuesta y al no recibirla continuó hablando—. Como te he dicho antes, ahora soy taxista en Roma, lo de ser testigo protegido duró sólo ocho años, luego me dejaron tirado como a un perro. La cuestión es que hace una hora más o menos, he recogido a un chaval en el aeropuerto, el tío ha empezado a vomitar, hasta se ha cagado encima. En fin, le he tenido que dar el pasaporte, ya sabes a qué me refiero.
   —¿Por qué coño me cuentas todo esto? Me importa una mierda a quien le des el pasaporte.
   —Es una mula Fabio, ha vomitado al menos seis bellotas y a saber lo que le queda dentro.
   El cerebro de Fabio funcionaba a toda velocidad, casi saltaban chispas, allí dentro se dibujaban los primeros trazos de lo que acabaría siendo su gran plan. Sin embargo, no debía levantar sospechas, así que continuó haciéndose de rogar un poco más.
  —Voy a colgar...
   —¿No lo ves, Fabio? Este tío es una mina, si es coca podríamos estar hablando de más de cien mil. Yo estoy fuera de circulación, no puedo mover ni un dedo. Tú estás limpio, podrías colocar esa mierda con facilidad. Porque sigues limpio, ¿verdad?
   —Sí.
   —Bien. Luego cogemos la pasta y nos largamos. Podríamos sacar lo suficiente como para empezar de cero en otro país, lejos de toda esta basura. Tú y yo, juntos otra vez Fabio, como en los buenos tiempos, éramos un equipo, ¿lo recuerdas?
   Fabio miró su reloj, eran las seis en punto.
   —Claro que me acuerdo ¿Dónde estás?

   Mientras Fabio y Toni ultimaban los detalles de su reencuentro, en el club Arcoíris a más de mil kilómetros de distancia, el Yesero despertaba de su habitual siesta en la butaca. Desperezándose y estirándose como un gato, le ordenaba a Vangof que le hiciera un café, mientras encendía un cigarrillo negro.
   —Ha llamado Lisa jefe  —informó mientras llenaba la vieja cafetera de agua—. Dice que hoy no podrá venir, al parecer su chico está enfermo.
   —¡Maldita fulana! Joder, encima en sábado, me cago en la madre que la parió. Esa tía da más pasta ella solita que todas las demás juntas, qué poca consideración  —exageró el viejo—. Hay clientes que vienen a este antro sólo por ella.
   —¿Quiere que haga algo al respecto, jefe?
   —¿Y qué coño vas a hacer? ¿Traérmela a rastras? Desde luego Vangof, nunca has sabido tratar a las mujeres, eres un jodido salvaje.
   —Me refería a llamar a otra chica, jefe.
   —¡Ah!  Sí… eso estaría bien. De vez en cuando usas ese melón que tienes por cabeza para pensar. Antes que nada, mira a ver como lo lleva Baúl, ya debería haber llegado.
   Vangof dejó la cafetera en el fuego, fue hacia su escritorio y se sentó frente al ordenador, cliqueó unas cuantas veces y en la pantalla apareció un mapa de Europa con un pequeño punto rojo, más o menos en el centro de la bota italiana.  Hizo doble clic sobre el punto y la imagen se amplió. El secretario arrugó la frente y arqueó las cejas en un gesto de confusión.
   —El chico ya ha llegado jefe, el ordenador indica que está a cuatrocientos metros del hotel, supongo que la ubicación no es del todo exacta. ¿Quiere que le llame?
   —No, déjale en paz, querrá descansar. Tengo entendido que podría tardar hasta cuatro días en cagar toda esa mierda. Informa a Luigi y busca a otra chica para esta noche.
   Vangof cogió el teléfono móvil, abrió el Whatsapp, buscó el contacto y escribió el siguiente texto:
                                          Mi mujer ya esta en el hospital aunq creo q
                                          puede tardar en dar a luz unos días
   La respuesta no se hizo esperar demasiado:

                         OK probablemente mañana iremos a visitarla

   La cafetera emitió su característico silbido, ya estaba listo el café.
                    
                                         ****

   Fabio llevaba gran parte de la charla observando el revólver que aguardaba sobre la pequeña mesa del salón.
   —Buscaré un sitio donde podamos hacerlo con tranquilidad y te mandaré la ubicación —dijo Toni dando la conversación por zanjada.
   —Vale, estaré allí cuando anochezca  —dijo y colgó. Inmediatamente después, cogió el arma con tremenda calma y abrió el tambor giratorio, incrédulo observó como la única bala se alojaba en el alveolo destinado a la detonación.
   «Vaya, Vaya, mi querido primito me acaba de salvar la vida… Lástima que haya sido sin querer.»
   De pronto se sintió más vivo que nunca, notaba como la energía crecía y crecía en su interior, se duchó, afeitó y vistió con ropa vieja y oscura, después recopiló el poco dinero que le quedaba por casa, incluyendo las monedas del viejo bote de cereales. Todo lo que tenía. Cerca de las siete, arrancaba el viejo Fiat color verde oscuro. Debía darse prisa, porque quería parar antes para realizar unas compras.
   Una hora después cargaba el maletero en el parking de EL REY DEL TORNILLO, una gran cadena de tiendas dedicada al bricolaje. En el mismo momento que se ponía al volante, el teléfono móvil de Fabio sonó. Toni le mandaba la ubicación acompañada de un texto:

                         Es un viejo polígono abandonado, es perfecto

   Apretó con su dedo índice sobre las palabras: COMO LLEGAR  de la pantalla y la aplicación le indicó que arribaría a su destino a las 21.03 h.
   «Bien» pensó Fabio, a la vez que se introducía entre el tráfico.
   Se mostraba ansioso, fumaba un cigarrillo tras otro, aun así, condujo con cautela, respetando los límites de velocidad y todas las señales, no quería ningún contratiempo. Al fin y al cabo era su vida lo que estaba en juego.
La negrura de la noche estaba en su plenitud, cuando divisó el destartalado y viejo espacio industrial, se trataba de un conjunto de naves ruinosas con las paredes repletas de grafitis.
   Con las luces apagadas, cruzó el umbral de lo que en un tiempo pasado, había sido la entrada al recinto. El móvil le indicaba que ya había llegado a su destino, pero él continuaba sin ver el taxi. El lugar estaba solitario y silencioso. Condujo muy lentamente, hasta que lo encontró en el interior de la cuarta nave, avanzó un poco más y giró en redondo, aparcó en dirección a la salida. Paró el motor y bajó del coche con sigilo.
   «Tenias razón Toni, el sitio es perfecto» pensó, mientras caminaba hacia el taxi.
   A los pocos metros, empezó a escuchar un sonido áspero e intermitente.
   «¿En serio? ¿Estás dormido? Este cabrón está dormido.» Todas las ventanillas estaban bajadas unos centímetros y del taxi manaba un nauseabundo hedor a sangre,  a excrementos  y a orín. Y sí, Toni estaba en el asiento del conductor con el respaldo echado hacia atrás y roncando como un oso asmático.
   «¿Peluca, te has puesto peluca? Y, ¿esa barba? Madre mía, Toni…» pensó, mientras con la linterna de su teléfono miraba el interior del vehículo, el cadáver del mula permanecía recostado con la camiseta  empapada de sangre y vómito.
   —¡Joder, qué guarrada! —murmuró, volviendo a centrar su atención en Toni.
   Le enfocó la luz directamente a la cara, el taxista despertó al instante con una sacudida, al reconocer a su primo, se incorporó con una sonrisa en los labios y bajó un poco más la ventanilla. En cuanto tuvo espacio suficiente, Fabio introdujo su mano derecha por la ventana, la cual empuñaba el revólver, enterró el cañón en las costillas de su primo y le pegó dos tiros a quemarropa. El eco ensordecedor de los disparos, entrechocó  por cada una de las paredes del edificio durante unos instantes.
   El cuerpo sin vida de Toni se inclinó hacia la derecha, quedando apoyado en el reposabrazos con la cabeza ladeada y hundida en el hombro. Fabio podría haber esperado un poco más, utilizarle para sacar la droga y luego darle el pasaporte, como él mismo hubiese dicho, pero su simple presencia le ponía de los nervios, eso no era nada nuevo, había sido así desde niños, aunque hubo un tiempo en que le quiso como a un hermano. Pero aquel ya no era el Toni que él conocía, si no un completo desconocido. Además, últimamente Fabio prefería trabajar solo. Le observó durante un momento, sorprendiéndose de lo fácil que había resultado eliminarle y en seguida se puso en marcha. Fue a su coche, abrió el maletero, sacó dos cubos vacíos de buen tamaño con tapadera, una abultada mochila deportiva negra; cerró el portón y volvió con todo a la nave. Una vez allí, extrajo del petate: un mono de pintor blanco, unos gruesos guantes de plástico amarillo y un cúter de considerables dimensiones.
   —Recuperación de droga patrocinada por el REY DEL TORNILLO —exclamó divertido una vez que estuvo ataviado.
   Nada más abrir la puerta donde yacía Raúl, se arrepintió de no haber comprado también una mascarilla. Buscó por el techo el interruptor de las luces y lo accionó. Después recuperó tres bellotas del regazo del chico y otras once del espeso y rojizo charco de fluidos en el suelo del vehículo. Las metió en un cubo. Luego dispuso el cuerpo de forma plana sobre el asiento. Con el cúter rajó la camiseta de arriba abajo y el torso de Raúl quedó al descubierto, tenía el vientre hinchado y amoratado. Fabio localizó el punto donde acababa el esternón, hundió la cuchilla sin profundizar demasiado y la deslizó suavemente hacia abajo, hasta que se dibujó una línea roja de unos treinta centímetros. Metió la mano enguantada en la raja y en seguida notó la forma ovalada de las cápsulas. La incisión resultó excelente. Una hora más tarde, decidió dar el trabajo por terminado, desconocía si existían más bellotas allí dentro, pero con lo que había reunido era suficiente para saldar su deuda. Además estaba lo otro, que le había hecho sudar la gota gorda, con el regalito estaba seguro que ahora sería Don Carlo quien le debería un favor a él.
   De la mochila sacó cuatro garrafas de alcohol de quemar, se despojó del mono y de los guantes y los lanzó dentro del coche junto con la bolsa.  Roció el contenido de tres recipientes en el interior del automóvil, empapando bien los cadáveres. La cuarta la vació sobre el techo y el capó. Tranquilamente encendió un cigarrillo y lo fumó con deleite, saboreando cada calada, disfrutando del trabajo bien hecho. Al fin lanzó la colilla sobre el cuerpo inerte de su primo. Las llamas surgieron decididas e intensas, enseguida se extendieron por todo el habitáculo del coche. La nave hasta entonces en penumbra, se iluminó y Fabio pudo ver dibujado en la pared del fondo, el rostro de un gran gato negro con sus orejas puntiagudas, bigotes afilados y grandes ojos amarillos. A su lado en grandes letras mayúsculas, rojas y goteantes, leyó la siguiente frase:

                    SATÁN  TE  OBSERVA  A  TRAVÉS  DE  LOS  OJOS  DEL  GATO  

Como para confirmar la cita, un gato maulló en algún lugar cercano. Frente al crepitar del fuego, Fabio se santiguó tres veces seguidas y se marchó.

                                    
                                                                  CONTINUARÁ...

J. R. Carrero
                                                                           




7 comentarios:

  1. A cada entrega me va gustando más esta historia. Flavio es el nuevo protagonista que espero que no lo eches a perder también (lágrima, aún me duele). Buen relato y millones de gracias por compartirlo en esta tu Casa. Un abrazo y feliz fin se semana de carnaval.

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  2. Hola Laura, no sé si estoy disfrutando más escribiendo esta historia o leyendo tus comentarios jeje. Algo me dice que Fabio se lo va a jugar todo a una carta, ya veremos que tal le va...
    Muchas gracias.
    J.R.Carrero

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  3. Me ha gustado esta nueva vuelta de la historia, a ver si nos dura Flavio algo más. Esperando con impaciencia continuación, un saludo.

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  4. Hola Bénjamin, muchas gracias por comentar y compartir. A Fabio le ha sonreído la suerte, veremos lo que le dura...
    J.R.CARRERO

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  5. Menudos cambios da la historia,... estoy enganchando!, para cuando la siguiente entrega?

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  6. Gracias por comentar y compartir El baile del norte,me alegra mucho que te guste, en los próximos días tendremos la siguiente entrega.
    J.R.Carrero

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  7. ¿Cabe mejorar lo narrado antes? Muy buen trabajo. Te felicito.

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