jueves, 12 de noviembre de 2015

Quise burlar a la muerte - Hipólito



Cuando más feliz me sentía,
se me apareció la muerte
y dijo que por mí vendría
a los tres días siguientes.

Cogí el coche y marché,
viajando bajo la luna.
Conduje toda la noche
para burlar a la gatuna.

Lejos, muy lejos me fui,
creí que no me encontraría.
pero ella, apareció allí,
transcurridos los tres días.

Dijo que una orden tenía
del supremo sentenciador
y en este lugar me cogería
por mandato superior.

Me contó la montuna
que me abordó aquel día,
sabiendo que mi infortuna
hasta allí me llevaría,
por eso vino la muy tuna…
Cuando más feliz me sentía.




Hipólito


miércoles, 4 de noviembre de 2015

Y yo con estos pelos - Violeta Evori



Estoy muy  ilusionada porque voy a visitar a mi amiga, que  no es cualquiera, sino una de las mejores que tengo desde que éramos jovencitas.

Mi hijo, como siempre, se dispone a desayunar un vaso de leche.

De pronto oigo:

— ¡Mamá el microondas no funciona!

— ¡Oh, qué bien, ya se ha estropeado por fin!— A partir de ahora, calentaremos todo como mandan los cánones. ¡Los míos por supuesto! Soy una mujer antitantos adelantos en algunas cosas.

Le contesto que se tome un yogurt o que coja el cazo que está guardado justo debajo de donde se encuentra  el aparato. Lógicamente elige la primera opción.

Me voy a la ducha.  ¡Jolín que fría está el agua! Menos mal que estamos en verano.

De pronto me viene a la cabeza que ayer vi colgado en un árbol de la calle, un papelito que decía que hoy cortarían la luz de ocho a doce, pero como si nada, sigo acicalándome hasta que llega el momento de secarme el pelo y me doy cuenta de que no hay electricidad.

¡Dios mío!  ¿Ahora qué hago?...

No pasa nada, soy una mujer de recursos, me arreglo un poco, cojo las llaves del coche y salgo disparada hacia la casa de mi hijo mayor, que vive en el pueblo contiguo. Además, él y su pareja se han ido de fin de semana y me han pedido que les ponga de comer a los gatos, así es que aprovecharé para hacer las dos cosas.

Al entrar en el bloque, me encuentro con una vecina que me mira y me pregunta:

— ¿Qué te pasa en el pelo?

— Nada—. Le respondo—  en mi casa no hay luz—. Y subo apresurada en el ascensor antes de que me vea nadie más.

Como suelo pensar en todo, antes de salir he cogido mis peines y el secador, desde allí iré directa a casa de mi amiga Dolores.

Lo primero que hago es ponerles de comer a los mininos y ya con la obligación cumplida, me dirijo al baño.

Hoy los hados se han puesto en mi contra, cuando voy a conectar el secador me doy cuenta de que los enchufes no coinciden. Me pongo a buscar y a probar todos los que puedo ver, y nada, ninguno me sirve.

¡Tranquila! Seguro que el de María es de esta medida, suerte que lo tiene a la vista, si no cuando vuelvan se darán cuenta que les he removido todo.

Lo cojo y… ¡Zas! Tampoco entra, por supuesto no quiero ni mirar el reloj porque me pondré de los nervios.

Me llevo las manos a la cabeza, no sé qué hacer. Para colmo es domingo y no están abiertas ni las peluquerías de los chinos.

Desilusionada recojo todo, decido irme y al pasar por la cocina, veo que no les he puesto agua a los animales.  Mientras lleno una jarra, desvío la mirada hacia la derecha y ¡Oh! Me quedaba un enchufe sin probar.

Abro la bolsa, saco los utensilios, compruebo que este es perfecto, y me dispongo a secarme los pelos, que a estas alturas deben parecer más bien los de una panocha.

Otro inconveniente, en la cocina no hay espejo y cada vez estoy más desesperada.

Piensa un poco Angustias, verás como encuentras la solución.

Y allí está, justo delante de mí, cojo una silla, me subo, porque lo que acabo de descubrir,  está un poco alto para mi estatura.

Por fin puedo acabar de arreglar mi linda melena,  ya casi seca y todo gracias al cristal de la puerta del microondas.

Los gatos me miran y maúllan, deben pensar que me he vuelto majareta, pero ya estoy contenta, en esos momentos me doy cuenta de que… No hay mal que por bien no venga.

Ese aparato que no me gusta nada, me ha salvado.

Cuando llego a casa de mi amiga, me dice:

— ¿Qué te has hecho en el pelo? Te veo rara.

— ¡Ah! Nada

Sonrío y me digo para mis adentros: << ¡Si supieras el suplicio por el que he pasado!>>.



Violeta Evori