miércoles, 29 de abril de 2015

Infancias difíciles - Laura Mir - Primer premio CREA UNA HISTORIA



Nota: Este relato está basado en hechos reales y puede herir la sensibilidad de algunos lectores. 

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Algo indefinido me despertó, posiblemente fuese todo el silencio que utilicé para pintar la habitación, el pasillo, el salón y el resto de la casa, lo usé por dentro y por fuera como si no existiese más color... 

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El edén del escritor - Aurea Martí





La vieja casona llevaba años deshabitada. A las pocas semanas de morir doña Remedios, don Fernando, su marido, fue ingresado en una residencia para la tercera edad. Ahora, tras su muerte, la casa junto con la granja que la rodeaba pasaba a ser propiedad de Carlos, su único hijo como heredero universal.

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Amiga, no le cuentes al aire este secreto - Salvador Arnau




He soñado contigo, junto al cielo,
he sentido alegría entre tu verso,
tan pequeño parece el universo
cuando osas donarme tu misterio.

Alguien pintó una letra - Salvador Arnau




Siempre esperé el momento en que llegaste,
nadie me dijo nunca -"Estás tan solo"-,
hasta que tú viniste, consonante
con una brizna azul ...

Desperté - Nancy Navarro



Dormía, dormía y desperté,
junto a mí, las letras acopladas, 
poemas y versos, me acercaba 
a tu aliento de vida que brindabas,
 acordes de melodías relajadas, 
fui musa que en la fuente se hallaba....

El fluir de la vida - Poemario 3ª entrega - Kairos42



Ojos de niña,
¿Qué mundos descubrís?
Rizo en la frente...

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sábado, 25 de abril de 2015

Las excusas de Ariadna



Era imposible recordar el instante en que se instaló el silencio en sus vidas. Puede que fuera en el mismo momento en que Raúl marchó a trabajar por la diversidad marina en los corales de Australia, y Ariadna, quizá por miedo a sufrir, levantó la gran barrera entre ellos. Partiendo y distanciando en muchos kilómetros el ecosistema que habían creado, destruyendo el equilibrio.

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viernes, 17 de abril de 2015

Una playa, un destino




Cuando el sol dejaba de abrasar, Julio como cada tarde, acudía al paseo marítimo de aquel pueblecito costero donde tanto había disfrutado junto a su esposa por más de cuarenta años.

Pero ese verano era distinto, ella no estaba con él. Había conocido a un hombre más joven que la hacía muy feliz, y con la maleta en la mano y haciendo una breve composición de la situación, se marchó, acabando con toda una existencia de convivencia.

Julio se sumió en una gran depresión.

Elena se había dedicado en cuerpo y alma a su casa y a sus dos hijos, ya independizados y habidos en su primer matrimonio. Después de varias relaciones infructuosas y bastante decepcionada, decidió ocupar su tiempo en atender a ancianos y se volvió a entregar al servicio de los demás, olvidándose de que poseía una vida a la que nunca nadie prestó atención.

Un cansancio extremo la hizo reservar una habitación con vistas al mar, en un hotel de un pueblecito de la Costa Brava.

Cada  tarde observaba desde el balcón, a aquel señor que se sentaba siempre en el mismo banco, se quitaba el sombrero y sacando un libro de una pequeña mochila, pasaba un buen rato entretenido en su lectura, hasta que ya anochecido, recogía sus cosas y a pasos lentos, abandonaba el lugar.

Los días pasaban y Elena no acababa de decidirse a salir, sentía que volvía a estar enclaustrada otra vez y ahora era por voluntad propia. Por lo que una de aquellas tardes, tomó la novela en la que estaba ocupada y casi sin darse cuenta, llegó al banco en el que se sentaba Julio, se acomodó en él y empezó a leer, olvidándose de aquel extraño.

— Perdóneme, señora. ¿Veranea siempre aquí?

 Elena dio un respingo.

—No, es la primera vez que vengo.

— ¿Le gusta el pueblo y la playa?

—Sí, mucho.

Después de presentarse cortésmente y de un rato de buena charla, Julio la invitó a un helado y ella aceptó.

Al acompañarla a su hotel se dieron cuenta de que él se hospedaba en el edificio contiguo. Desde aquel día, cada tarde se volvían a encontrar en el mismo banco. Ya no leían, ahora pasaban las horas contándose sus muchas penas y sus pocas alegrías, descubriendo que tenían diversas aficiones en común que nunca realizaron por no sentirse acompañados. Algo empezó a surgir entre ellos, haciendo que cada vez les costase más separarse al anochecer.

Las vacaciones llegaban a su fin, la hora de la despedida se acercaba, cada uno regresaría a su hogar siendo conscientes de que nadie ni nada les esperaba. Volverían a la realidad cotidiana, donde ya daban por hecho de que el tiempo de ilusiones se les había perdido.

Era el último día, en la estación a punto de subirse al tren que les llevaría de vuelta cada uno a su destino, Julio cogió el brazo de Elena y la atrajo hacia él, susurrándole al oído:

— Dejemos el pasado atrás y vivamos el presente a nuestro antojo, sin ataduras ni compromisos, aprovechando los días sin desperdiciar ni un solo momento. ¿No te das cuenta de que lo único que realmente nos pertenece es el tiempo?

— Ya vamos tarde—. Dijo ella con una sonrisa, comprendiendo que le estaba ofreciendo la oportunidad de hacer realidad sus sueños, no dudó en seguirle.

Dieron media vuelta y arrastrando las pesadas maletas entraron en el hotel más cercano. Reservando una habitación doble sin fecha de salida.


Violeta Evori


Aquí, Allí - Prime premio de FRASELETREANDO




Esta es una historia que bien pudo ocurrir Aquí, pero fue Allí donde sucedió. Fue Allí, porque allí no existía ni el asfalto, ni los edificios, no habían aceras ni pasos de cebras que indicaran por dónde se debe pasar, tampoco los coches que lo atravesaran tiñendo el aire de color. Aunque, quizá, sería más correcto decir que allí existía tierra virgen, con un suelo pecoso de piedras, como reproduciendo el cielo de una noche sin luces que lo apaguen, habían plantas, secas o llenas de vidas, y la tierra se podía empuñar y ver como el polvo escapaba adhiriéndose a toda superficie.  

Allí era una enorme planicie, que ocupaba de horizonte a horizonte, sin una montaña ni un monte que hicieran levantar la vista. Él, pensó, que había mucho entre tanta nada,  y que de aquella nada, un poco del todo podía ser suyo, alguna posesión más que la que ocupara el espacio de sus zapatos. Fue así como cogió una vara de avellano, a imagen de las que se usaban para dar justicia, sin ser necesario que fuera repartida por uno que fuera justo, y la clavó donde su brazo no se podía extender más. Girando sobre sí mismo, iba creando una cicatriz en la tierra, viendo como los granos se iban amontonando unos encima de otros, al lado del surco que era visible por ser una línea de sombra entre tanta luz.

Una vez finalizado el círculo, fue recogiendo las piedras a las que podía llegar desde el borde de la sombra. Las introducía dentro del mismo, guardando cada estrella, cada constelación dentro de su territorio. Al finalizar vio que era mucho cielo, pero poca tierra. Así que, volvió a pensar, que siguiendo el surco podría fabricar un cielo más grande. Dentro de ese cielo cupieron más constelaciones, pero seguía sin ser suficiente. Así que a este círculo le siguió otro, y después siguió otro. Tuvo que luchar contra la nieve para que no cubriera la frontera de todo lo que era suyo, y luchar contra el agua que quería borrarla y gritarle al mismo viento que quería difuminar el cielo que era suyo del que no.

Al final vivía angustiado, vivía pensando que cuando estaba en una de sus fronteras, la otra podía poder ir desapareciendo, o que alguien podía robar las estrellas que eran suyas. Había veces que esta angustia hacía que tuviera que tirar con fuerza del cuello de su jersey para poder respirar.  Hasta que un pino solitario le susurró que desde lo alto podría ver todo en interior del paréntesis que formaba los horizontes, desde arriba se podría ver el cielo que estaba bajo sus pies. Empezó a trepar por él, abrazándose con fuerza, sintiendo como la corteza le raspaba el pecho y se clavaba en sus brazos. Cuanto más alto trepaba, más sangre se iba escapando,  hasta que consiguió llegar a lo alto y desde arriba ver que lo único que realmente nos pertenece es el tiempo. Aunque quiso creer que no era tarde.

Esta es una historia que bien pudo ocurrir Aquí, porque aquí también se piensa que tarde no significa tarde, aunque fue Allí donde sucedió.


Jaime Ros



jueves, 16 de abril de 2015

El fluir de la vida - Poemario KAIROS42 - 2ª Entrega





Con la brisita
el árbol coquetea,
estremecido.

                                                  Formas brillantes
                                                  tras linde de cristal.
                                                  Bullir de peces.

                                                                                                  
                                                                                                  Dulce fragancia,
                                                                                                  geranios violentados
                                                                                                  por vientos ábregos.     
      

                                                 En plata líquida
                                                 nadan peces furtivos,
                                                 sólida plata.



¡Tímidos tordos!
Verde sobre granate,
rama en flor. 


KAIROS42 


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martes, 14 de abril de 2015

Para el corredor de fondo – La última frontera




Son las carreras de la vida, contigo me enfrasqué en una contrarreloj sin descanso y pudimos atravesar fronteras, las cercanas y las lejanas, las naturales y las sociales, las correctas y las equivocadas. Cuando pude parar en el camino, el corazón se me salía por el esfuerzo y latía a la mitad porque la otra parte te la adelantaste contigo, me sentí sola. Me extrañó mucho, y al mirarme el pecho, felizmente comprobé con un suspiro de alivio,  de que nunca hicimos caso a nadie salvo a nosotros mismos, que corríamos porque simplemente nos queríamos, sin sentir la necesidad de colocarnos las formas indicativas que comporta un dorsal.


Laura Mir



lunes, 13 de abril de 2015

Para Hannover - Te echo de menos


Esta mañana he despertado con la sensación de que me faltaba algo. He ido a la cocina a preparar café y no he tropezado contigo, ni con tu humeante cigarrillo. Me ha dado una rabia indescriptible el no tenerte para discutirte. Entonces he comprendido la causa de esta añoranza, y para liberarme, he reñido a tu gato por ser abstemio.

Laura Mir

                          

miércoles, 8 de abril de 2015

El fluir de la vida - Poemario de KAIROS42



INTRODUCCIÓN

Decía Bashò que haiku es "lo que está ocurriendo ahora". Quizás, huyendo de abstracciones intelectuales, quería expresar que se trataba de alcanzar momentos intemporales, es decir eternizar la espléndida porción de presente que está ahí.

Habitualmente somos ciegos a la belleza que se encierra en cada instante. Vivimos añorando un pasado que ya no está, y anhelando un futuro que todavía no existe. Parece como si el presente fuera algo molesto que hubiese que tragar apresuradamente, como una purga. Así se nos va la vida.

En la composición me he ceñido a la estructura ortodoxa del haiku, la estrofa de tres versos de 5, 7 y 5 sílabas respectivamente. Aunque, como es sabido, en el haiku no es preceptiva la rima, si lo es el kigo o palabra que indica la estación. El idioma japonés se presta a la expresión de matices sutiles en un espacio mínimo. En español es difícil, en ocasiones, lograr un kigo que no sea explícito. A ello hay que añadir que el haiku debe ser espontáneo, sin elaborar, sin contenidos intelectuales, sin juegos de palabras ingeniosos. Se trata de la fusión entre el observador, el poeta, y lo observado, la naturaleza. Bashò (1644-1694), figura cumbre del haiku, fue un hombre religioso, próximo a la mística budista.

El poemario se compone de 60 haikus, agrupados según las estaciones del año. He adoptado esta distribución clásica, no ya por seguir la convención que, por otra parte, en las escuelas japonesas modernas no se respeta demasiado, sino porque comparto la idea primitiva del haiku, que identificaba el fluir de la vida con el discurrir de las estaciones. Ese sentido de la vida que fluye, maravillosamente, sin esfuerzo, sin conflicto, de un modo perfecto, es el que he experimentado al escribirlos. Así, además del goce de la creación estética, he disfrutado de una íntima experiencia espiritual.

Por último, en muchos de estos haikus he utilizado topónimos, y reflejado imágenes de la flora y fauna de Denia y la Marina Alta y de la comarca de Alicante, porque es el medio natural más próximo a mis ojos y a mi corazón.


PRIMAVERA:


                  La luna blanca
                  alumbra la espesura.
                ¿Hablan las hojas?

                                                                                    
                                                                             Lucen frú-frú,
                                                                                bailarinas graciosas,
                                                                                las flores blancas.


Rebaño blanco
paciendo limpios cielos.
Pradera azul.

                                                         Flores de jara
                                                   como papel parecen
                                                   de seda malva.

                                                                                     
                                                                                        Entre los árboles
                                                                                        vocecitas airadas,
                                                                                        pleito de pájaros.




lunes, 6 de abril de 2015

El proyecto vintage - Primer Premio Relato a Dúo FRASELETREANDO


  
Imposible creer lo que me decía, pensaba que tenía mi vida organizada, pero al parecer no era así. El facultativo, con voz átona,  me acababa de indicar que si quería sobrevivir, necesitaba un proyecto nuevo, lo suficientemente atractivo para que me llenara y de ese modo mantener mi atención desviada del problema, tanto estrés no era aconsejable.

Aquella tarde salí de allí algo depresiva, sumida en mis pensamientos, intentando encontrar algo que me gustara para enfocarme de lleno, pero por muchas vueltas que le daba, no había forma. Hasta que entré en una tienda de segunda mano y descubrí las bicicletas vintage, es decir, ni nuevas ni tan viejas como para considerarlas antiguas.

Estaba allí, era totalmente blanca, se las llamaba Capri de Capricho,  y me enamoré perdidamente de ella.

La entré en casa, después de quedar atascada entre las puertas internas del ascensor y sin posibilidad de abrir la exterior para maniobrar un poco y soltarme, al fin, con más fuerza que maña, y sin romper el espejo con la parte delantera, todo un logro, lo conseguí. 

Fotografié a la Capri y se la mandé por el móvil a Nora, quien contestó:

— Yo quiero una, por favor, por favor, por favor.

El gran cariño que tengo por mi amiga me sumergió en una búsqueda titánica e incesante de un hierro blanco con ruedas de radios durante días. Pateé tiendas y tiendas de ocasión, segundas oportunidades y primeras intenciones. Nada de nada. Las nuevas de imitación no servían, porque era como querer y no poder.

Hasta que localicé telefónicamente a un chico que se dedicaba a reciclarlas, y fui a verle.

                                              *****

— Nora, he pensado en recoger la bici, te la llevo y comemos juntas.

— No vendrá de ahí, tengo tanto trabajo…

— Tendrás que comer ¿no?

Laura me persigue, he ido retrasando el momento porque quería disfrutar plenamente de él sin que nadie me interrumpiese, pero en realidad me moría de ganas de probarla.

                                              *****

Tengo que decir que cuando le vi, no le vi, me explico mejor, solo vi unos ojos que me recordaban a Ojosdeagua, por el color y elegí de las dos, la que el mar profundo e intenso me aconsejaba.

Cuando Nora la vio me preguntó:

— ¿Y la cesta? ¿Dónde puedo llevar los libros?... Porque cuando tenga la cesta, pondré todas las novelas de Mercedes, haré una foto y se la colgaré en su face.

Me molesté mucho, porque no vio los días en los que me entretuve en buscarla, ni las llamadas, ni los mareos, y me callé, me callé para no liarla. Si en ese momento la hubiese abrazado y besado…

Y lo pensé, prometo que lo pensé:

                                   “En un beso sabrías todo lo que he callado”.

Me abstuve y guardé las distancias, y con ellas, la armonía.

                                           ****

Al final, fue una tarde inolvidable con la bicicleta en aquella calle plana de punta a punta, ambas volaron a igual que las horas y los problemas, el trabajo de una y la supervivencia de la otra, trascendieron en libertad de sus circunstancias por un rato. 

Era el momento de recogerse y tomando conciencia de nuevo de la distancia que las separaba, la tristeza asomó en los ojos de ambas. El marido de Nora, viendo sus caras, les dijo:

— Tengo que comprar una furgoneta para transportar las bicicletas.

Ellas aplaudieron la moción y se despidieron ilusionadas.

Laura, ya en la cama, se dio cuenta del milagro y a su memoria llegaron las palabras de Ojosdeagua:

— Como proyecto, tengo para restaurar una bicicleta de varillas con todos los complementos.

Sonriendo, se abrazo con fuerzas al sueño.


Nora Biel y Laura Mir



domingo, 5 de abril de 2015

Oportunidad Perdida




Aquella mañana a Olga se le pegaron las sábanas, había olvidado poner la alarma del móvil. Despertó, dándose cuenta de que llegaba tarde al trabajo.

Algo en su interior le anunciaba que ese no sería uno de sus mejores días, pero no quiso darle importancia y salió disparada para acicalarse con rapidez.

Debido a un desengaño amoroso sufrido en su juventud, decidió cerrar todas las puertas del corazón de por vida al amor, convirtiéndose en un solterona empedernida. Sumergida en su trabajo con constancia y tesón, consiguió un lugar privilegiado en la empresa, trasladándose a vivir con orgullo a un pequeño apartamento de lujo en la parte alta de la ciudad.

Ese día, antes de salir para el trabajo, sonó el teléfono y contestó con mala gana. Era la tía Aurora, la llamaba desde el pueblo para comunicarle el grave estado de salud de su padre. Debía darse prisa si quería despedirse de él.

Preparó apurada una pequeña maleta y cogiendo el automóvil, se adentró en la autopista.

Solo pudo estar un día con él, sabía que se iba feliz al ver como su querida hija había conseguido la situación económica que él nunca pudo ofrecerle.

Cuando se dio lectura al testamento, le había quedado en herencia la casa familiar, donde no había vuelto desde que cumplió dieciocho años. La pondría a la venta lo antes posible, pero ya que estaba allí, decidió quedarse las dos semanas que le quedaban de vacaciones.

Años atrás se había marchado hastiada de la persecución que sufría por parte de Ignacio, un chico desgarbado que se le había declarado y había rechazado. Estaba tan enamorado de ella que lo encontraba en todos los rincones y esquinas del pueblo por donde pasaba, un verdadero fastidio cuando ella aspiraba a algo mejor que un pueblerino.

Aquella tarde estaba en el bar tomando una copa con amigos, cuando vio a Ignacio aparecer por la puerta. Se había convertido en un hombre alto, guapo y elegante, le dijeron que era un importante diplomático en Francia. Y a pesar de ello, volvía de vacaciones al pueblo cada año junto a su esposa y su hija.

El hombre se acercó al grupo y saludó cortésmente, sin hacerle ninguna distinción, aquello formaba parte del pasado. Al alejarse, los demás comentaron lo feliz que era con su familia y lo desenvuelta que era su vida.

Los días transcurrieron y no podía quitarse a Ignacio de la cabeza, aquella llamita que comenzó a arder en su corazón se iba convirtiendo en una hoguera arrasadora.

En su última mañana de estancia en el pueblo, unos murmullos alborotadores en la calle, la despertaron.

Ignacio había partido de madrugada apresurado, casi sin despedirse. En una curva se salió de la carretera, sufriendo un grave accidente, donde su mujer y su hija perecieron y quedando él muy malherido.

Olga cuando se enteró corrió al hospital.

Ignacio abrió los ojos y tomando sus manos con firmeza, le dijo:

— Con un beso sabrás todo lo que he callado.

Y sus bocas se unieron en un dulce beso.

Ignacio expiró, dejándola sumida en una inmensa soledad, y entonces comprendió la gran oportunidad que había perdido en la vida al desechar ese amor. Por vueltas y vueltas que le diera, su tiempo había pasado y la posibilidad de volver atrás.

Una mezcolanza de dolor y rabia se instaló en su interior que acabó marchitándola, haciéndola ver que hay que darse oportunidades constantemente, para no perder la gran oportunidad de la vida, mientras regresaba sola, como siempre, a su pequeño apartamento de lujo en la zona alta de la ciudad.


Violeta Evori



viernes, 3 de abril de 2015

El consuelo



En muchas familias, existe esa mujer que nunca se empareja para tener hijos propios y tiene la exclusiva misión de velar por todos los cachorros de la manada, es a la que llamamos la tía coyote. Así fue como mi tía Elena, siguiendo el ejemplo de la naturaleza, ejerció su compromiso hasta la muerte, haciendo de madre de todos, sin haber engendrado a ninguno.

Nos unía un vínculo muy especial, quizá porque siempre fui la más débil del clan y sentía cierta inclinación a mi protección, incluso cuando me hice mayor y comprendía, hasta cierto punto, la soledad que imperaba en su vida. Vivirla a través de los logros de otros sin la posibilidad biológica de sentirlos propios. En cierta forma, me daba pena, e imaginaba que debía de haber una historia oculta detrás, se me hacía raro, porque era bien parecida, cariñosa y muy amable.

La vida más o menos fue pasando hasta que enfermó, y decidí, puesto que mi trabajo me lo permitía, cuidar de ella hasta su fallecimiento. Era como devolverle algo de todo lo que nos había dado.

Durante los pocos años que duró su enfermedad, hablamos mucho. Pocas veces se quejó de lo que le había tocado vivir, pero entre consejos amorosos que me daba y expresiones sueltas, pude hilar una historia.

Pablo llegó al pueblo un verano y Elena se enamoró de él. No podía ser de otro modo, era joven, guapo, divertido y artista. Algo que a mis abuelos nunca les gustó porque lo veían bohemio y sin un futuro aceptable, un pelagatos, decían. Oponiéndose de forma categórica a ese gran amor que ambos se profesaban.

Ante tanta presión y no quedándoles más remedio, una noche se fugaron y, anduvieron hasta que su padre los encontró a la mañana siguiente y la trajo de vuelta a casa entre amenazas y lágrimas. Haciendo de mi tía, la mujer más desgraciada del mundo, convirtiéndola en la comidilla del pueblo y marcándola de por vida por una sociedad excesivamente encorsetada, falsamente puritana y con un índice acusador muy ágil, capaz de enviar a una persona eternamente y sin dilación, al otro lado de las sombras.

Si hubieron cartas de por medio, lo ignoro, lo cierto es que con ellas o sin ellas, el tiempo transcurrió y los suspiros del principio se transformaron con el acontecer de los meses en tristeza, que con los años fue una amargura profunda que abarcaba todo su corazón, haciendo que la responsabilidad de cuidar a los que íbamos llegando, llenará como un sucedáneo, sus tremendos vacíos internos.

En cierta ocasión y próxima a su muerte, me dijo que le gustaría que al faltar ella, me quedara y conservara la estatua que compró hace años en una galería de la ciudad, y que ahora decoraba el salón. Le tenía gran estima y por nada del mundo desearía que fuesen a otras manos, que debía quedarse en la familia, como todo, como ella misma.

Hoy, limpiando a fondo, y viendo la escultura El Beso como la llamaba ella, llena de polvo, he procedido a meterla en agua jabonosa y al volcarla para introducirla en la bañera he podido leer a duras penas:

En un beso sabrás todo lo que he callado, todo lo que te he amado durante estos años, pero ese beso que tanto deseo, hoy no llegará, deberá esperar a mañana, este es mi consuelo diario”.

Grabado toscamente sobre la gran base de la figura de frío mármol, como si se hubiese hecho con un punzón, encima de la firma del mundialmente famoso escultor, Pablo Santián.


Laura Mir


miércoles, 1 de abril de 2015

Si tuviera



Si tuviera que morir porque he amado,

con gusto pues sería condenado.

Si tuviera que vivir sin tu recuerdo,

con mucho quisiera ser ajusticiado.

 

El mañana de un futuro a tu lado,

pintará mi cuerpo de empeño.

Me atormenta lo que no me has dado,

porque solo vivo por un sueño.

 

No mires mi helada tristeza,

así son las cosas de la vida.

Mientras escribo tu belleza,

tu mirada en mí se acomoda.

 

Ver la vida, los cuerpos pegados,

baile de labios bajo tus ojos.

Mirar dos reflejos cruzados,

encontrándose en los espejos.

 

Sigo tus pasos por el mundo,

acunando tú sueño inacabado.

Mimando tu cuerpo maltrecho,

mi vida reposando sobre tu pecho.

 

Soy aquel que mora a tu sombra,

vigilando el hilo de un destino.

Esperando al filo de la palabra,

seguir a tu lado por el camino.

 

Sueño con regalarte un recuerdo,

que sería dulce a tu mirar azulado.

En un beso, sabrás todo lo que he callado,

que siempre sería por ti, recordado.

 

Si tuviera que morir porque he amado,

con gusto pues sería condenado.

Si tuviera que vivir sin tu recuerdo,

Cuánto quisiera haberte besado.

 


Benjamín J. Green