martes, 24 de febrero de 2015

Una sencilla respuesta



— ¿Qué delito cometí contra vosotros naciendo?

Grita el individuo a los vientos que arrastran su navío de un lado a otro, sin que sepa muy bien a qué puerto o qué abismo le llevará está loca carrera sin sentido. Desde esta parte de la frontera que media entre los sueños y los fracasos, vive un hombre que nunca sabe muy bien en qué parte se encuentra, si en la zona buena o en la zona mala.

— ¿Qué delito cometí contra vosotros naciendo?

Grita el amor desgañitado a las brisas heladas de los olvidos, ayer yaciendo en su seno y hoy, carne putrefacta pasto de los buitres negros de la indiferencia. Nacido de una mirada, crecido por una caricia y asesinado por un sueño ajeno que nada ha aprendido. Desterrado amor que vaga por el ancho mundo de una memoria arrinconada, yendo de sombra en sombra huyendo de la luz como un oscuro secreto, mientras cava abismos internos con sus ficticias carencias.

— ¿Qué delito cometí contra vosotros naciendo?

Grita la mujer ante siglos de explotación, de esclavitud, de incomprensión, de miedo al poder de sus abrazos, a la luz que llevan consigo a este injusto mundo de hombres embrutecidos, ciegos y absurdos. Existencias ajenas a la sabia inteligencia de la razón elemental, de belleza, de amor, de futuro y de los suaves suspiros que deja tras de sí la ternura de estas dadoras de vida. Temen unos, temen otros y, temen ambos.

— ¿Qué delito cometí contra vosotros naciendo?

Grita la razón a un mundo desprovisto de ella, donde la demencia, la codicia, las ansias de poder y la falta de justicia, se disfrazan con sagradas vestimentas y bellas liturgias, mientras ofrecen humo celestial. Cuántos cementerios repletos de cadáveres inocentes, provocados por las creencias de unos y otros; creencias de dominio, basadas irónicamente en el amor, la comprensión, el respeto y la misericordia, ahogando en sangre hermana al verdadero fin humano.

— ¿Qué delito cometí contra vosotros naciendo?

Grita la multitud de hambrientos, exiliados, excluidos, ancianos abandonados, niños esclavos, mujeres maltratadas…  todos ellos olvidados por el mundo y la gente que reside en él. Tristes fantasmas inconscientes que vagan por los pasillos de una vida que nunca será en realidad una existencia propia. Sin pasado, sin presente, sin futuro, invisibles sombras doloridas y exhaustas que simplemente, deambulan.

— ¿Qué delito cometí contra vosotros naciendo?

Grita un mundo a sus hacedores mientras agoniza lentamente infectado por ese terrible cáncer llamado Homo Sapiens, viendo como sus criaturas se extinguen unas tras otras, devoradas por una maldita metástasis que no para de desarrollarse por doquier. Ya poco queda del azul de sus cielos, de su aire puro y sus aguas cristalinas. Una tierra violada es el resultado, sí, sí, violada, arrasada y moribunda, que solo espera un final que tarda demasiado en llegar.

— ¿Qué delito cometí contra vosotros naciendo?...

Me devano los sesos y solo obtengo una sencilla respuesta a todas las versiones que soy capaz de darle a la misma pregunta:

… El delito cometido es el de haber nacido hermano.


Ismael Mir


* Este relato participa en el juego FRASELETREANDO de la comunidad ALMAS DE BIBLIOTECAS Y CINES CON LA FRASE DE Calderón de la Barca: “Qué delito cometí contra vosotros naciendo”. 


Las lágrimas que ocultan mi sonrisa - Relato ganador del primer premio en FRASELETREANDO



Tenía unas enormes ganas de visitar el sur de la India, jamás imaginé que volvería a mí país con aquella desilusión que me envolvía el alma y el cuerpo entero; que me dolía incluso recostarme en mi cama. El simple hecho de hacer una siesta para reponer las fuerzas perdidas en mitad de mi jornada, me avergonzaba.

¿Cuánto tiene que dormir un niño?  Los expertos dicen que entre ocho y diez horas.
Muchos de nosotros no nos paramos a pensar que hay millones de ellos que se levantan agotados, ni siquiera han podido descansar la mitad, porque deben caminar varios kilómetros a pie hasta sus puestos de trabajo en las minas; si llegan tarde y su sitio está ocupado por otro compañero, ese día no habrá sustento que llevar a sus familias.

La triste y corta vida de estos pequeños, si es que a eso se le puede llamar vida, la dedican a trabajar como esclavos en aquellas minas abiertas de mica, un cristal sucio con el que se fabrican pintalabios y otros cosméticos de los que disfrutamos los llamados ciudadanos del primer mundo, por unos escasos cuarenta céntimos por jornada y para los que deben permanecer agachados dieciséis horas al día, rastreando la tierra con cualquier utensilio, en la mayoría de los casos es un palo que un día encuentran en su trayecto y que conservan como oro en paño.

Nunca había oído mencionar ese mineral hasta que en mi viaje de placer, llegué a Bihar, y pude ver las manos de aquellos pequeños ensangrentadas, y en sus rostros, aquellas miradas tan duras… ¿Un niño debería tener la mirada dura? Es imposible que sus labios puedan mostrar una sonrisa, me atrevería a pensar que ni siquiera han reído desde que salieron del vientre de sus madres.

Sin prestar atención a lo que tenía alrededor, con un acto reflejo que repetía en muchas ocasiones, abrí mi bolso de una conocidísima marca y del que jamás me preocupó el hecho, de que también su manufactura se debiera a la esclavitud de miles y miles de personas trabajando en condiciones infrahumanas. Saqué una polvera dorada, me di unos pequeños retoques en las mejillas y posteriormente quité el tapón de mi lápiz labial, dándome un ligero repaso, masajeando mis labios, y al momento mi boca brilló con el color rojo pasión que siempre llevaba y que me hacía sentir bellísima y observada por todo el que pasaba a mi lado.

¡Qué ironía! Justo en aquel momento un niño de unos cinco o seis años, levantó su mirada, la dirigió hacía mi boca y pude comprobar como de sus ojos brotaban enormes lágrimas que enlodaban su cara ennegrecida. A ellos les había llegado la noticia de que en el resto del mundo, las mujeres se embellecen con el esfuerzo de su trabajo, pero jamás habían podido imaginar que algún día llegarían a verlo.

Aquella mirada atravesó mi espíritu, bajé la vista dolida en lo más profundo de mi corazón, mientras en mis oídos parecían resonar unas tristes palabras, pronunciadas por aquel pequeño en un idioma que casi no entendía, pero que creí descifrar:

— ¿Qué… qué delito cometí contra vosotros naciendo?

Desde entonces mi boca brilla con su propia naturalidad, he olvidado el pintalabios del que no podía prescindir, porque jamás podré borrar de mi memoria las tristes lágrimas con las que me obsequió Sonu, el niño de la mina de mica.


Violeta Evori



* Este relato participa en el juego FRASELETREANDO de la comunidad ALMAS DE BIBLIOTECAS Y CINES CON LA FRASE DE Calderón de la Barca: “Qué delito cometí contra vosotros naciendo”. 




domingo, 22 de febrero de 2015

Mi gozo en un pozo, no, no, no, fue en una farola



De joven era muy aficionado a la bici y con ella iba a todas partes. Ese día me dirigía a comenzar mi aventura, la incorporación a un nuevo puesto de trabajo. Me lo había conseguido mi padre a través de un cliente de su pequeño negocio. Esta decisión fue tomada para evitar males mayores, pues mi hermano y yo en aquellos tiempos, siempre andábamos a la gresca. El pobre hombre consideró que no nos iría mal trabajar un tiempo separados. La empresa era un laboratorio de POTINGAS y como me encantaba la química, todos felices y contentos.

Apenas habían transcurrido quince minutos desde que salí de casa, cuando por arte de magia y sin saber cómo, me vi empotrado en una farola por una furgoneta. Los accidentes en aquella época no eran inusuales, lo que sí era inusual, eran las farolas que se encontraban muy distanciadas entre sí. Y fui a dar con la única existente en la zona, mejor digo que ella me encontró a mí.

De pronto todos mis sueños de llegar a ser una gran personalidad tipo Einstein, pero en química, se vieron truncados por un: ¡Quítale de ahí ese obstáculo!

Quedé despanzurrado boca arriba sobre el suelo, sin asfalto, sin visión, sin idea de lo que había ocurrido pero, escuchando los comentarios del público asistente a la función de la que, sin saberlo ni quererlo, era el principal protagonista.

— ¡Este chico está muerto! — Decían sin parar.

— ¡Hay que llamar a una ambulancia! — Pedían.

Mientras tanto, perplejo y dolorido, me interrogaba sobre lo que estaba ocurriendo.

Llegó la ambulancia, un cacharro heredado de los americanos tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. ¿O, era de la Primera? No tiene importancia, el caso es que me introdujeron en ella y el conductor se dispuso a iniciar la marchar.

— ¡Arranca, arranca! — Le decían, pero la vieja reliquia se negaba.

Tras duras negociaciones entre chófer, enfermero y público, decidieron que en lugar de esperar a otra ambulancia, dada la gravedad del tema, lo mejor sería empujarla y así con el impulso conseguir que arrancase.

Llovían los voluntarios, obreros a los que no les importaba llegar tarde a sus puestos de trabajo, jubilados para los que el incidente era vivir una especie de insólita aventura, amas de casa que iban con su cesto hacía el mercado, y hasta niños con sus carteras repletas de libros y cuadernos que se dirigían a sus respectivos colegios.

Se pusieron manos a la obra, ahora empujaban unos, ahora empujaban otros. El motor comenzó a explosionar con unos petardeos tremendos hasta que finalmente lo consiguieron. Nos incorporamos al tránsito. La camilla comenzó a golpear en las paredes y, según lo que pude percibir, hasta en el techo.

— ¡Oh no, con las prisas nos hemos olvidado de anclar la camilla, de ésta no salimos! — Exclamó el camillero.

Llegamos al hospital y tras atenderme del múltiple accidente, tan sólo diagnosticaron cuatro costillas rotas. Al cuarto día me enviaron para casa. No tardamos en descubrir que el diagnóstico era erróneo pero… ésa es una historia que mejor dejo para otro día.

Treinta y seis años después, con la confianza que da comprar el pan siempre en el mismo establecimiento, me enteré por boca de la panadera, que andaba aquella mañana rememorando historias graciosas, y refiriéndose a una protagonizada por su mejor amigo, muy fitipaldi por cierto; el cómo empotró a un pobre ciclista, debía ser un muchacho por aquel entonces, contra la única farola existente en aquella calle, aquel día fatídico que amaneció con los mejores vaticinios internos de que sería muy especial para mí.


Nora Biel


sábado, 21 de febrero de 2015

PREMIO BEST BLOG



Nuestra preciada compañera Estela Caruso, desde su blog: http://carusoestela.blogspot.com.es/ nos ha nominado para el Premio BEST BLOG, le estamos enormemente agradecidos y nos sentimos orgullosos de que venga de sus manos pues fue la primera compañera que en su día nos nominó, por tanto el honor es doble.

Este premio se otorga a compañeros que día a día trabajan en la ardua labor de promocionar las letras. Por tanto es un honor nomimar a los siguientes bloggers amigos:


ALEJANDRA SANDERS por su blog: http://cuentosdeterroryprofeciasalejandra.blogspot.com.es/

CARMEN CARDEÑOSA por su blog: http://carmen-jugandoyaprendiendo.blogspot.com.es/


ELENA GARCÍA DOMINGO por su blog:  http://enpalabras-yo.blogspot.com.es/

DAVID LÓPEZ MONTCADA por su blog:  http://davidlopezmoncadalobo.blogspot.com.es/

ALFONSO GAYTÁN por su blog:   http://estampasyrecuerdos.blogspot.com.es/

JAMES A. PARKER por su blog:  http://somnumexterrerisolebat.blogspot.com.es/

EDUARDO GUERRERO por su blog:  http://enesahoramaldita.blogspot.com.es/


EL POETAARTESANO CARLOS por su blog:  http://elpoetaartesano.blogspot.com.es/

BEATRIZ MARTÍN PIÑA por su blog:  http://beatrizplasmasuspensamientos.blogspot.com.es/

ANTONIO PÉREZ RUIZ  por su blog: http://aprflapierre.blogspot.com.es/

JESÚS FDEZ. DE ZAYAS por su blog:  http://archimaldito.com/

ABEL DE MIGUEL SAENZ por su blog: http://fraguadeversos.blogspot.com.es/

FRANCISCO IZQUIERDO por su blog;  http://franizquihero.blogspot.com.es/


Los nominados deberán:


Primero  -  Pegar la imagen del premio.

Segundo - Nominar a quince compañeros y hacérselo saber para que hagan lo mismo.



Con nuestros mejores deseos de felicidad y crecimiento os damos las gracias todos.


Libres Relatos


jueves, 19 de febrero de 2015

Transmutación




Una suave brisa aminoraba el calor estival del mediodía. El camino estaba en buenas condiciones, y siempre que te mantuvieras fuera de las carriladas que habían dejado los carros en las lluvias de primavera, podías circular cómodamente en bicicleta. Ambos lados de la vía estaban flanqueados por márgenes de adobe seco, que permitían contemplar el paisaje de trigales dorados, salpicado de granjas y de casas unifamiliares que se distribuían espontáneamente en pequeños grupos, como para compartir el calor en invierno.

Tras un rato de agradable pedaleo, vi a lo lejos una casita de tejado rojo, rodeada de un jardín protegida, a escasos quinientos metros, por un gran bosque de pinos en su parte trasera. Justo lo que andaba buscando. Me acerqué, contento, pues me había costado encontrarla y me interesaba mucho conocer a Julia.

Apoyé la bicicleta al lado del portón de la cerca y llamé a la señora:

— ¡Buenos días, Julia, soy David!

— ¡Buenos días, perdone un momento, ahora le abro!

Me contestó una voz juvenil que provenía del corazón de aquel jardín selvático. Al momento apareció una cabeza coronada por una hermosa cabellera totalmente blanca. Cuando acabó de incorporarse, se presentó ante mí una anciana sonriente, de porte esbelto y elegancia natural. Me franqueó la entrada y me saludó con un par de besos.

— ¿Qué tal David, ha sido difícil encontrarme? Me alegra que haya venido, pase, pase, le estaba esperando.

— Gracias Julia, ha sido un poco complicado, pero aquí estoy al fin. No puede usted imaginar las ganas que tenía de conocerla.

— Espero estar a la altura de sus expectativas. Vamos, entremos en casa, estará usted cansado.

Me condujo a un acogedor saloncito, con dos sillones ante la chimenea apagada. Estuvimos horas y horas hablando. Yo era incapaz de apartar mis ojos de los suyos, grandes, levemente rasgados y de un azul purísimo. Eran unos ojos de dieciocho años en un rostro de ochenta. Tenían tal frescura, tal expresividad, que seducían.

Mi doctorado sobre los espíritus guardianes de los bosques y las corrientes de agua me habían llevado hasta Julia, conocida mundialmente por los poemas que escribía sobre el particular. Entre líneas se advertía que ella era depositaria de unos conocimientos  ancestrales, más allá de la cuidada expresión poética. Por ello me sentí ridículo, haberme presentado allí con mis flamantes conocimientos académicos y cargado de notas y bibliografía. Así que dejé que, con su bonita voz, me enseñase cosas que desconocía por completo, saberes antiguos, arcanos…

Cuando comenzó a instruirme sobre las náyades, supe que, hasta aquel momento, no había adquirido ninguna certeza, ningún conocimiento real. Mi tesis doctoral se había limitado a una visión antropológica de un área de la mitología grecolatina, a erudición simplemente, sin conexión con la realidad de lo estudiado.

Julia me estaba haciendo cruzar el umbral hacia otra dimensión. Durante tres días me instruyó, me hizo concebir nuevas categorías mentales, otros aspectos de lo real. Todo ello bajo un  ayuno absoluto, salpicado con sesiones de meditación y contemplación.

La noche del tercer al cuarto día, dormí con una profundidad sin precedentes. Desperté alegre, feliz y confiado, tras haber tomado la decisión más extraña de mi vida.

Julia dio unos golpecitos a la puerta del dormitorio y entró.

— Buenos días, David—. Dijo sonriendo.

—Toma, bebe esta infusión. No rompe el ayuno, pero te mantendrá bien lúcido hasta la noche.

La bebí, estaba amarga y aromática. Hizo que me encontrara mejor durante todo el día, hasta el punto que ayudé a Julia en el jardín y realicé pequeñas reparaciones en el tejado, amén de repintar la valla.

Al caer la tarde, Julia me hizo las últimas recomendaciones y nos despedimos con un largo abrazo.

— Marcha con alegría y sin temor alguno.

Como respuesta, tomé sus manos y la besé en las mejillas sorprendentemente suaves. Acto seguido me puse en camino hacia mi objetivo.

En la noche estival, una brisa fresca y sutil acariciaba mi rostro. Guiado por el camino, me adentré en la espesura. Nada desenfocaba mi mente absorta en su propósito, pretendía llegar al arroyo antes que mi cuerpo, mientras guardaba en su interior las maravillas nocturnas que la envolvían como los tesoros que siempre quiso poseer.

La luna corría tras las nubes, estrellas centelleaban sobre la silueta negra de un pino enorme. De pronto, una masa alada me rozó, tal vez un búho de caza, silencioso y discreto.

Transcurrido un tiempo indeterminado, el fiel sendero, apenas visible, me llevaba con seguridad al corazón del bosque. Por fin penetré en las tinieblas. Ya no podía ver el camino, pero me guiaban gorjeos de pájaros ¿Notas de flautines y píccolos, violines, chelos y bajos? ¡Oh, no, eran voces de mujer! Percibí entre los juncos formas femeninas de luz, jugando juntas en el arroyo.

Ya nadaban, ya surcaban el aire. Unían por momentos, etéreos, sus bellos cuerpos refulgentes, no poco más que núbiles, en sublimes pasos de danza. Esparcían corpúsculos de oro y azul en cada movimiento de sus brazos, en cada pirueta de sus piernas.

Entonces, cautivado por tanta hermosura, osé decirles en mi arrobamiento: 

— Divinas hijas de la Tierra. Benditas seáis, mis náyades, siempre protectores espíritus. Bellas, armónicas, graciosas! Maravillosas criaturas, encarnáis las fuerzas telúricas y los primigenios poderes ¡Llevadme con vosotras!

Al instante, me envolvieron todas. Noté un delicado beso y, al volverme hacia la fuente de la caricia, vi unos ojos que reconocí al instante, eran los ojos de Julia en un cuerpo de náyade. Una mirada y una sonrisa de complicidad bastaron para explicarlo todo.

Seguimos juntos, cual cardumen de peces, hasta las copas  de los árboles, hasta el fondo del arroyo. Finalmente sentí que mi cuerpo transmutado, se fundía con el de ellas. Pertenecía a la Tierra, tal que las náyades. Presente, pasado y futuro me fueron revelados.

En un último descenso, atravesamos el agua y nos hundimos en la tierra. Allí me acomodaron en las profundidades. Una oquedad, como el útero de la Madre Tierra,  sería el hogar al que regresaba. Acunado por su gigantesca masa, recorrería los espacios siderales eternamente.


Kairos42


viernes, 13 de febrero de 2015

CERRAMOS POR DEFUNCIÓN



Apreciados compañeros lamento comunicarles que acaba de morir un familiar, no me encuentro con ánimos para continuar por hoy, tengo que estar con mi familia. Les quedo muy agradecida por la paciencia. Volveré dentro de un par de días. Millones de gracias por la comprensión.


Laura Mir

Amargo laberinto



Sigo sin comprender que es lo que ocurrió en mi vida,
aunque siempre lo intento, nunca se cierra mi herida.
Vivo en un sinvivir eterno, a veces es delirante,
ni a empujones yo consigo, llevar mi vida adelante.

Es un estrangulamiento, como una mano que aprieta,
ahoga mi corazón, ni la sangre me bombea,
es un delirio continuo, una tristeza infinita,
es el miedo que de noche, conmigo tiene una cita. 

Un momento inexplicable, en un segundo fatal.
Un instante de terror en un minuto sin aire,
es inmenso el pavor que cada noche me invade.

A velocidad de vértigo, en un tiovivo encantado,
dando vueltas y más vueltas, mis lamentos van girando.
Metida en un laberinto a ciegas siempre estoy,
mis ojos están vendados, no sé si vengo o si voy.

Mi camino se torció, en una curva endiablada,
corro con todas mis fuerzas, no consigo superarla.
Es como una gran liana que siempre me va enredando,
como una apisonadora que mi vida está frenando.

Con la luz avanzo un poco, por la noche retrocedo,
porque siempre al despertar, vuelve mi desasosiego.
No hay consuelo que me alivie, ni consejo que me ayude,
salir por mi misma quiero, de este terrible pesar,
llena de helio y como un globo despegar.
Quizás algún día pueda alcanzar mi libertad.

Pero lo que yo deseo, es dejar este agujero,
poder despertar un día y volver a sonreír,
saltar de mi lecho alegre, como antes de caer
en este profundo pozo que el sol no me deja ver.

A veces a mi memoria, cuando mis lágrimas caen,
destellos de recuerdos llegan y me parece escuchar:
“Tengo una cosa aquí, no me deja respirar”.
Y colocaba su mano justo en el plexo solar.

Una frase repetida, a la que nunca hice caso,
una persona querida, sentía lo mismo que yo,
pero nunca comprendí, lo que intentaba explicarme,
ahora que sufro lo mismo, no puedo consolarme.



Violeta Evori

PREMIO BLACK WOLF BLOGGER AWARD



Nuestro apreciado amigo Luis de la Rosa desde su blog  http://palabritorio.blogspot.com.es/ nos ha nominado para el premio BLACK WOLF BLOGGER AWARD.

Nos ha colmado de gran alegría y entusiasmo recibir este premio de nuestra amigo y compañero Luis.

Este blog no hubiese sido posible sin el arduo trabajo de nuestros colaboradores, amigos, anónimos y ocasionales que comparten con nosotros día a día sus palabras, por lo que desde esta pequeña comunidad les damos las gracias.

Queremos agradecer también la paciencia y constancia que nos brindan nuestros lectores, sin ellos que son nuestra fuerza este blog no existiría.

Como es de bien compartir con nuestros compañeros para que entre todos sigamos creciendo, nos complace mucho nominar los siguientes blogs:



ELENA GARCÍA DOMINGO por su blog:  http://enpalabras-yo.blogspot.com.es/

DAVID LÓPEZ MONTCADA por su blog:  http://davidlopezmoncadalobo.blogspot.com.es/

ALFONSO GAYTÁN por su blog:   http://estampasyrecuerdos.blogspot.com.es/

JAMES A. PARKER por su blog:  http://somnumexterrerisolebat.blogspot.com.es/

EDUARDO GUERRERO por su blog:  http://enesahoramaldita.blogspot.com.es/


EL POETAARTESANO CARLOS por su blog:  http://elpoetaartesano.blogspot.com.es/

BEATRIZ MARTÍN PIÑA por su blog:  http://beatrizplasmasuspensamientos.blogspot.com.es/

J. C. SÁNCHEZ por su blog;  http://escriviviendo.com/

ANTONIO PÉREZ RUIZ  por su blog: http://aprflapierre.blogspot.com.es/

JORGE IGLESIAS por su blog:  http://gallegorebelde.blogspot.com.ar/

JESÚS FDEZ. DE ZAYAS por su blog:  http://archimaldito.com/

ABEL DE MIGUEL SAENZ por su blog: http://fraguadeversos.blogspot.com.es/

FRANCISCO IZQUIERDO por su blog;  http://franizquihero.blogspot.com.es/



Los nominados deberán:

Primero  -  Pegar la imagen del premio.
Segundo -  Escribir lo que sientas, lo que te motiva este premio.
Tercero  -  Nominar quince blogs.
Cuarto  -  Publicar.


Con nuestros mejores deseos de felicidad y crecimiento os damos las gracias todos.


Libres Relatos

miércoles, 11 de febrero de 2015

Filósofos de retrete



Ayer me ocurrió una cosa curiosa, no suelo utilizar los baños de mi empresa salvo cuando no me queda más remedio, prefiero la intimidad y la comodidad de mi hogar.

Una vez sentado en el exiguo habitáculo y procediendo al asunto que me había llevado hasta allí, me fijé en un pequeño texto, o mejor dicho, en una frase que alguien había escrito sobre la puerta del baño que rezaba así:

¡Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos!

Me pareció muy didáctico e interesante, ya que las anotaciones que uno puede encontrarse sobre las puertas de los baños públicos suelen tener otra clase de contenidos, la inmensa mayoría zafios y por lo general poco recurrentes. La frase estaba rodeada de muchos de esos mensajes, insultos, teléfonos, dibujitos obscenos, poemas de dudosa rima, en fin, una gran muestra del nivel intelectual “retreteril” del pequeño mundo que representa esta empresa.

De alguna manera esa diminuta isla de cultura escrita en la puerta de un baño me hizo ver que no estaba solo en el mundo, que había alguien en algún lugar de este edificio  con quien valdría la pena comunicarse y decidí, dejar una pequeña muestra de mi erudición en respuesta a esa gran frase, así que me puse estruja que te estruja el cerebro para estar a la altura de aquella magnifica reflexión.

Me quedé en blanco, fuera por el lugar, el olor, la postura o la hora, mi mente se negaba rotundamente a recordar o a imaginar nada que valiera la pena escribir. Decidí hacer trampa y aprovechando que nadie me veía saqué mi smartfone queriendo buscar en la red algo digno. Mala suerte para mí, en esta parte del edificio no había manera de poder conectarse, estaba empezando a cabrearme de veras.

Me puse a pensar en serio sobre el autor de aquella clara violación de las normas tácitas que rigen cuando uno va a expresarse con un escrito en la puerta de un baño público, fuera de aquí o en la misma China. Seguro que se la había traído de casa apuntada en un papel, era imposible ponerse a filosofar en un retrete claustrofóbico y maloliente.

¿A quién se le ocurriría semejante frase sentado en un lugar como este? Pensaba este servidor ya molesto con la idea de tener que irme sin poder contestar al tipo este de la dichosa frasecita. Evidentemente frustrado, impotente y viendo la hora que se estaba echando encima, me dio un repentino ataque de genialidad que en aquel momento y lugar, casi rallo la epifanía más profunda, ya sabía que contestar a aquel prepotente que iba por ahí fastidiando el alivio a los demás, al fin me había llegado la respuesta.

Con mi mejor letra saqué a relucir mi intelecto superior y le di un enfoque diferente al asunto, más de acuerdo con la filosofía del lugar. Los dioses de los retretes seguro que me lo iban a agradecer y debajo del escrito de aquel “filosofastro” mañanero, dejé mi epifanía sobre el asunto:

— ¡Somos nuestra mierda, somos ese quimérico museo de mojones inconstantes, ese montón de culos rotos!

Tras lo cual, con el estómago aliviado por fin, mi conciencia tranquila y más que feliz por mi genialidad manifestada, me dirigí al bar a tomarme un cafelito, orgulloso de haber dejado la bandera del club de los filósofos de retretes en lo más alto, según los cánones y reglas que guían desde tiempos inmemoriales la excelsa literatura de una puerta de retrete.



Benjamín J. Green


Nota: Este relato es para participar en el juego FRASELETREANDO de la Comunidad ALMAS DE BIBLIOTECAS Y CINES, en esta ocasión la frase es de Jorge Luis Borges:

"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos."

martes, 10 de febrero de 2015

Formas personales




Oscuro y viscoso adherido a las paredes, al techo, formando columnillas etéreas, como un coral negro en la profundidad de los arrecifes, su movimiento sinuoso crea círculos más o menos extensos con los que inicia su proceso de reproducción, pero el suyo, el propio, jamás lo inició.

Esa siniestra oscuridad que lo cubre todo a ratos, también ha ocupado todo el espejo frontal del baño, tanto que cuando se mira, distorsiona su imagen, desenfocándola y reflejando a otra mujer distinta a ella, que la atrae y la atemoriza a la vez porque la desafía. Se la ve triste pero en el fondo de sus ojos puede ver que sabe mucho más que ella de su realidad, de su melancolía, de su inexistencia, de sus carencias y de su sentir. Muchas veces la observa durante minutos que lentamente se convierten en horas cuando caen de golpe a su alrededor, formando un enorme barrizal de destiempos perdidos.

Entonces se da cuenta de los vacíos de su vida, de la implenitud de su existencia, de la falta de sueños y de los deseos incumplidos, porque todo lo anhelado se ha perdido a golpes de desengaños.

Algunas veces, cuando está sobria, se pregunta por el momento en qué recibió el primer golpe, por mucho que intenta hacer memoria no lo recuerda, debía de tener meses. Primero fue su padre, luego el novio de su madre, y después su marido.

En ocasiones, cuando consigue ser ella y no el poso de un fondo de botella, puede recordar cómo recorrió con lo puesto por caminos polvorientos escapando de una cruenta guerra civil,  buscando la paz y el calor del sur. Llegando después de muchas jornadas a un país desconocido de lengua extraña que en nada se parecía a la suya, y tuvo que aprender a hablarla y a soportar ser considerada una eterna extranjera.

Tiene días en los que de forma repetitiva entra en una espiral vertiginosa, conjugando todas las formas personales del verbo ser de manera compulsiva y con el fervor de una plegaria, hasta que llega al nosotros somos, sabe que hace referencia a esa extraña que habita tan cerca, tan cerca que puede sentir la fetidez de su aliento, las nauseas la desquician y pierde su concentración, pero hoy es distinto porque está terriblemente cansada. Sin siquiera pensar, levanta el brazo con fuerza y dando impulso, lanza con rabia el grueso vaso contra el espejo frontal del baño, haciéndolo añicos con la vana intención de liberarse de Esa mujer que muchas veces la posee, diminutos cristales caen por la estancia. Pero sus ecos siguen mofándose de ella diciéndole:

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos que como viejos fantasmas quedan desordenados y amenazantes por siempre a nuestros pies, y de los cuales por mucho que lo intentemos, nunca podemos huir.

Entonces comprende que algo oscuro y viscoso crece en su baño, que algo malvado y extraño se ha apoderado de su alma dividiéndola en dos, y es cuando por fin sabiéndose sola… rompe a llorar.




Laura Mir


Nota: Este relato es para participar en el juego FRASELETREANDO de la Comunidad ALMAS DE BIBLIOTECAS Y CINES, en esta ocasión la frase es de Jorge Luis Borges:

"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos."


lunes, 9 de febrero de 2015

Parece que fue ayer



Parece que fue ayer y hoy cumplimos nuestro primer año, LIBRES RELATOS comenzó su andadura junto al taller de escritura creativa CAFÉ Y LETRAS. El camino no siempre ha sido fácil, y en muchos recodos hemos dejado risas y lágrimas compartidas junto a personas maravillosas, entre los que destaco a los coordinadores, escritores y lectores.

El trabajo ha sido duro pero estamos muy satisfechos, en nuestro haber contamos con 324 entradas y 52.615 visitas, pero la que cuenta en realidad es la tuya que es la que nos hace crecer uno a uno, por eso nos tomamos la libertad de brindar por ti, para que nos sigas visitando y dejando tu huella, muchas gracias por estar aquí.

¡¡MUCHAS FELICIDADES!!







viernes, 6 de febrero de 2015

El preso número 13




Aquella tarde tras remover mucho en el armario, optó por ponerse un clásico vaquero azul y un jersey ancho de cuello alto, era discreto, justo lo que necesitaba, ocultar su esbelta figura para pasar desapercibida.

Elisenda era una chica tranquila. Le gustaba estudiar y apenas había salido de casa en sus veinticuatro años. Para ella ese tipo de ambiente era nuevo, diferente para una chica de bien y cargada de prejuicios.

Por su cabeza sólo pasaba una pregunta: ¿Por qué llegaría tarde a clase justamente el día en que debían de elegir la actividad para el proyecto final de carrera? Cuando el listado llegó a sus manos, sólo quedaban dos opciones disponibles, jóvenes drogadictos o el centro penitenciario. Ninguna le hacía demasiada gracia, así que, tras echar una moneda al aire, le tocó la segunda opción, se resignó.

Cuando llegó, vio una larga cola de gente esperando en la puerta del pabellón de visitas a que sonara la señal de entrada. Un nudo en su estómago le hizo palpable el miedo, era la primera vez que iba a tratar con un delincuente y era normal sentir pavor, quiso disimularlo mirando a su alrededor, observando aquella muchedumbre se podía hacer una idea del tipo de gente que había dentro. Si los que estaban fuera la estremecían, cómo se sentiría con los internos. Desechando estos y otros pensamientos, dio unos pasos hasta la fila tratando de incorporarse entre aquel gentío.

De repente se oyó una orden:

— ¡Por favor, colóquense bien en la fila y vayan pasando de uno en uno!

Después de pasar los controles de seguridad y nada más cruzar la puerta, lo identificó sentado en un banco al fondo de la sala. Allí estaba Enrique Sánchez Hernández, más conocido como Quique, el preso número trece.

Elisenda lo miró unos instantes, y cruzándose con determinación el chaquetón en un acto simbólico de protección, comenzó a caminar hacia él.

— Ho-hola ¿E-eres Qui-quique, verdad? – tartamudeó levemente a causa del nerviosismo.

— Sí ¿Qué quieres de mí? Ya he declarado todo lo que tenía que declarar. Dejadme tranquilo.

—No, se equivoca usted—dijo ella, haciendo un gran esfuerzo por parecer serena—. Me llamo Elisenda, y estoy aquí para realizar mi proyecto de final de carrera de psicología. Quisiera escribir acerca de su experiencia.

Quique después de pensarlo durante unos instantes que a Elisenda le parecieron años, preguntó con tono grave:

— ¿Qué quieres saber?

De este modo se inició la primera entrevista, ella tomaba nota de todo lo que el preso decía, no quería obviar nada. Ese día obtuvo información básica acerca de su pasado, y en posteriores visitas, consiguió detalles más profundos de su niñez, sus vivencias y sus anhelos, para relacionar la conducta delictiva de Quique con el ambiente desfragmentado en el que creció.

Reflexionando se dio cuenta de que aquel hombre no era malo por naturaleza, la vida le había impulsado a comportarse de esa manera y recordó una cita que había leído años atrás:

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.”


Qué cierta era, pensó. Qué diferente podía haber sido la vida de Quique. Qué diferente podría haber sido la suya de haber nacido en otra familia, en otro entorno, en otro país. Suspiró sintiendo una compasión infinita por él, y en ese momento supo que aquello que se había iniciado sin demasiado entusiasmo, se había convertido en más que un simple proyecto académico. Tenía una misión, ayudarle a reconstruir su vida. No era posible cambiar su pasado, pero sí su presente y en consecuencia, su futuro. Conseguiría que los buenos momentos aún por vivir, remplazaran aquellos tormentosos recuerdos.


Minerva


Nota: Este relato es para participar en el juego FRASELETREANDO de la Comunidad ALMAS DE BIBLIOTECAS Y CINES, en esta ocasión la frase es de Jorge Luis Borges:

"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos."


martes, 3 de febrero de 2015

Con las manos de mi madre






Mil y un vestidos de amor
para olvidar el dolor,
con costuras de ternura,
sobrehilando con premura.

Una camisa de encaje
para no olvidar mi linaje,
apuntando los botones
con forma de corazones.

Disfraces de antiguas leyendas
que con los años son ofrendas
de princesas ya maduras
que no olvidan su hermosura.

No olvido tu legado,
triste y sola me has dejado
con patrones de esperanza
para apaciguar tu tardanza.

Tus manos eran preciosas,
por eso hacían tantas cosas,
confeccionando mi vida
con puntos fuertes y sin heridas.


* Para la mejor madre del mundo



Beni