lunes, 29 de junio de 2015

Sueño y realidad - Violeta Evori



Pasar los días esperando que otros cumplan tus deseos es una banalidad.

A veces hay que dar un paso adelante si no quieres que la niebla te envuelva y acabe tragándote.

Año tras año, ansiando subir por esa escalera tantas veces deseada y prometida.

¡Pero no quiero hacerlo sola!

¿Es qué nadie va a acompañarme?

Una noche de tormenta y al sonido de un  enorme trueno, abrí los ojos. Me senté en la cama como si fuera un barco a la deriva, en ese instante decidí que ya era hora de cambiar el rumbo.

Seguramente ese giro, no fuese del agrado de nadie más, pero mi decisión era firme. 

Con esa certidumbre me eché, volví a cerrarlos y un dulce sueño apareció como si fuera realidad.

Pero tristemente los acontecimientos casi nunca ocurren como los esperamos y al día siguiente, como si de una mala premonición se tratara, las llamas se tragaron al Liceo de mis sueños.

Y otra vez a esperar que la suerte se apiade de mí.

Pero…  ¡Oh Cielos! Un día llega de nuevo la noticia de que se vuelve a abrir y ahora, ya no hay marcha atrás.

He aquí mi dulce sueño convertido en realidad:

Entro en el majestuoso edificio  y es indescriptible lo que siento cuando voy subiendo la escalera central, alfombrada de color rojo y observo las figuras de otras personas junto a la mía, reflejadas en los inmensos espejos.

Alzo la mirada, allí donde la poso sólo puedo contemplar arte.

Supero los tramos; uno, dos, tres, cuatro o incluso cinco, asciendo con confianza y alegría inmensas.

No me comparo con nadie. Tampoco envidio a las personas elegantemente vestidas, ni las inmensas fortunas con las que me codeo en esos momentos. Lo más grande que tengo es la ilusión, con eso me basta y me sobra. Me siento dichosa únicamente por estar allí.

Sentada en mi butaca, miro en derredor. Todo es lujo, lámparas preciosas, tapicería, grabados, diversos colores adornan la cúpula y el dorado y rojo, predominan en el teatro, en definitiva, belleza en estado puro.

Pero a pesar de toda esa grandiosidad, sólo espero a que se apaguen las luces, aparezca el director de orquesta y con el primer movimiento de la batuta, se dejen oír las primeras notas musicales de la ópera que se va a representar, para que a continuación se levante el telón.

Es entonces cuando mi pasión se desborda, el vello de mi piel se eriza, cierro los ojos, me concentro en ella, pero al instante los abro, no quiero perderme ni un segundo del espectáculo.  ¡Hace tanto que espero!

Vibro, sonrío, sueño. La emoción me embarga, me preparo sólo para disfrutar.

Mi anhelo sostenido durante todo el día, se relaja cuando escucho la primera nota, el gozo al que me enfrento penetra hasta lo más profundo de mis sentimientos.

Desearía quedarme en ese lugar, que la obra se repitiera eternamente, para continuar extasiada.

Aunque sé que llegará el momento en el que deberé bajar de la nube en la que llevo varias horas instalada y regresaré al mundo real, dispuesta a esperar lo que haga falta, para volver a subir por esos adorados tramos. 

Es mi primera vez, y no voy sola, como había decidido aquella lejana noche de tormenta, me acompaña él, a quien no le gusta esta música, ni le gustará nunca.

Ha pasado el tiempo y vuelvo la vista atrás rememorando aquella noche de Julio de hace ya muchos años, cuando entendí que puede ser cierto que promesas y sueños se cumplan, y desde entonces sé: que de vez en cuando la vida nos besa la boca.


Violeta Evori


3 comentarios:

  1. Un gran relato que he leído con gran placer Violeta, que se repitan muchas veces estas noches de teatro, lo he leído con gran placer.
    Un saludo y una :)

    ResponderEliminar
  2. Brillante y con esplendor. Un lujo para el pensamiento.

    ResponderEliminar
  3. Gracias amigos por vuestros comentarios.

    ResponderEliminar