lunes, 6 de abril de 2015

El proyecto vintage - Primer Premio Relato a Dúo FRASELETREANDO


  
Imposible creer lo que me decía, pensaba que tenía mi vida organizada, pero al parecer no era así. El facultativo, con voz átona,  me acababa de indicar que si quería sobrevivir, necesitaba un proyecto nuevo, lo suficientemente atractivo para que me llenara y de ese modo mantener mi atención desviada del problema, tanto estrés no era aconsejable.

Aquella tarde salí de allí algo depresiva, sumida en mis pensamientos, intentando encontrar algo que me gustara para enfocarme de lleno, pero por muchas vueltas que le daba, no había forma. Hasta que entré en una tienda de segunda mano y descubrí las bicicletas vintage, es decir, ni nuevas ni tan viejas como para considerarlas antiguas.

Estaba allí, era totalmente blanca, se las llamaba Capri de Capricho,  y me enamoré perdidamente de ella.

La entré en casa, después de quedar atascada entre las puertas internas del ascensor y sin posibilidad de abrir la exterior para maniobrar un poco y soltarme, al fin, con más fuerza que maña, y sin romper el espejo con la parte delantera, todo un logro, lo conseguí. 

Fotografié a la Capri y se la mandé por el móvil a Nora, quien contestó:

— Yo quiero una, por favor, por favor, por favor.

El gran cariño que tengo por mi amiga me sumergió en una búsqueda titánica e incesante de un hierro blanco con ruedas de radios durante días. Pateé tiendas y tiendas de ocasión, segundas oportunidades y primeras intenciones. Nada de nada. Las nuevas de imitación no servían, porque era como querer y no poder.

Hasta que localicé telefónicamente a un chico que se dedicaba a reciclarlas, y fui a verle.

                                              *****

— Nora, he pensado en recoger la bici, te la llevo y comemos juntas.

— No vendrá de ahí, tengo tanto trabajo…

— Tendrás que comer ¿no?

Laura me persigue, he ido retrasando el momento porque quería disfrutar plenamente de él sin que nadie me interrumpiese, pero en realidad me moría de ganas de probarla.

                                              *****

Tengo que decir que cuando le vi, no le vi, me explico mejor, solo vi unos ojos que me recordaban a Ojosdeagua, por el color y elegí de las dos, la que el mar profundo e intenso me aconsejaba.

Cuando Nora la vio me preguntó:

— ¿Y la cesta? ¿Dónde puedo llevar los libros?... Porque cuando tenga la cesta, pondré todas las novelas de Mercedes, haré una foto y se la colgaré en su face.

Me molesté mucho, porque no vio los días en los que me entretuve en buscarla, ni las llamadas, ni los mareos, y me callé, me callé para no liarla. Si en ese momento la hubiese abrazado y besado…

Y lo pensé, prometo que lo pensé:

                                   “En un beso sabrías todo lo que he callado”.

Me abstuve y guardé las distancias, y con ellas, la armonía.

                                           ****

Al final, fue una tarde inolvidable con la bicicleta en aquella calle plana de punta a punta, ambas volaron a igual que las horas y los problemas, el trabajo de una y la supervivencia de la otra, trascendieron en libertad de sus circunstancias por un rato. 

Era el momento de recogerse y tomando conciencia de nuevo de la distancia que las separaba, la tristeza asomó en los ojos de ambas. El marido de Nora, viendo sus caras, les dijo:

— Tengo que comprar una furgoneta para transportar las bicicletas.

Ellas aplaudieron la moción y se despidieron ilusionadas.

Laura, ya en la cama, se dio cuenta del milagro y a su memoria llegaron las palabras de Ojosdeagua:

— Como proyecto, tengo para restaurar una bicicleta de varillas con todos los complementos.

Sonriendo, se abrazo con fuerzas al sueño.


Nora Biel y Laura Mir



2 comentarios:

  1. Gracias por compartir tan linda historia.

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  2. Muchas gracias, me alegra que te haya gustado. Un fuerte abrazo y feliz día.

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