viernes, 13 de febrero de 2015

Amargo laberinto



Sigo sin comprender que es lo que ocurrió en mi vida,
aunque siempre lo intento, nunca se cierra mi herida.
Vivo en un sinvivir eterno, a veces es delirante,
ni a empujones yo consigo, llevar mi vida adelante.

Es un estrangulamiento, como una mano que aprieta,
ahoga mi corazón, ni la sangre me bombea,
es un delirio continuo, una tristeza infinita,
es el miedo que de noche, conmigo tiene una cita. 

Un momento inexplicable, en un segundo fatal.
Un instante de terror en un minuto sin aire,
es inmenso el pavor que cada noche me invade.

A velocidad de vértigo, en un tiovivo encantado,
dando vueltas y más vueltas, mis lamentos van girando.
Metida en un laberinto a ciegas siempre estoy,
mis ojos están vendados, no sé si vengo o si voy.

Mi camino se torció, en una curva endiablada,
corro con todas mis fuerzas, no consigo superarla.
Es como una gran liana que siempre me va enredando,
como una apisonadora que mi vida está frenando.

Con la luz avanzo un poco, por la noche retrocedo,
porque siempre al despertar, vuelve mi desasosiego.
No hay consuelo que me alivie, ni consejo que me ayude,
salir por mi misma quiero, de este terrible pesar,
llena de helio y como un globo despegar.
Quizás algún día pueda alcanzar mi libertad.

Pero lo que yo deseo, es dejar este agujero,
poder despertar un día y volver a sonreír,
saltar de mi lecho alegre, como antes de caer
en este profundo pozo que el sol no me deja ver.

A veces a mi memoria, cuando mis lágrimas caen,
destellos de recuerdos llegan y me parece escuchar:
“Tengo una cosa aquí, no me deja respirar”.
Y colocaba su mano justo en el plexo solar.

Una frase repetida, a la que nunca hice caso,
una persona querida, sentía lo mismo que yo,
pero nunca comprendí, lo que intentaba explicarme,
ahora que sufro lo mismo, no puedo consolarme.



Violeta Evori

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