martes, 25 de noviembre de 2014

SIN RETROCESO - Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer



La lluvia sigue mojándola lentamente y, al recibirla sobre su cuerpo, más se refuerzan  sus convicciones.

Siente como si millones de gotas arrastraran con ellas todos sus malos humores y la falta de seguridad que la paraliza. No tiene otra alternativa que realizar un grandísimo esfuerzo para recuperarla, pues una vez caída en el abismo de lo incierto, levantarse cada día le representa el mayor de los suplicios.

El viento refresca su rostro, al mismo tiempo que el agua la va empapando, y es tan frío que las minúsculas partículas casi quedan congeladas en su cara al contacto con su piel, mezclándose con sus lágrimas

De un manotazo se las arranca, pues no desea que detengan su camino, ni que nublen sus perspectivas de futuro.

¡No piensa retroceder!  ¡No quiere volver atrás!

Hacerlo sería rendirse a la evidencia de que no tiene voluntad, de que es una marioneta que se ha quedado enganchada en la rama de un árbol que la ha sostenido hasta que se han roto los hilos que la sujetaban, esperando impaciente a que él venga a rescatarla.

¡Ni una mirada al vacío! Nunca más lo hará.

Cuando en ocasiones le vienen a la memoria  retazos de malos tiempos, aspira con fuerza para coger aire y no desfallecer.

Jamás volverá a ser tratada como un trapo que se puede usar y tirar cuando a él se le antoje. Ni caerá en la absurda tentación de complacerlo, para seguir siendo una señora, cuando se da la circunstancia atroz que la hace sentir todo lo contrario.

Se siente con fuerzas suficientes para romper, de una vez, la soga que la mantiene atada a la más feroz de las pasiones, los celos enfermizos de quien un día, muy lejano ya, dijo amarla.

Para su desgracia todo acaba antes de lo imaginable, la enfermedad ya la ronda desde hace tiempo, sin que ella se haya dado cuenta.

Absorta en sus pensamientos casi no llega a percibir el simple desmayo que cambiará desde ese momento y para siempre el rumbo de su existencia.

Cuando despierta, pasea su mirada por la blanca habitación del hospital, no se ha dado cuenta de que una ambulancia la ha recogido.

 ¡Demasiado tarde!

Él, que lo ha presenciado todo, ha dejado pasar las horas convenientes para que no se cumplieran sus esperanzas.

Ni siquiera puede vengarse, ya no hay tiempo ni le quedan fuerzas, a partir de ahora su vida transcurrirá inmersa en la oscuridad más profunda y desgraciada.

Cuanta crueldad encierra aquél que se cree dueño de la mujer y se atreve a manejarla a su antojo, como si fuera una muñeca hecha de papel, pintada de los colores que a él le apetecen, que para ella suelen ser siempre grises o negros.


Violeta Evori 


2 comentarios:

  1. OLÉ y con mayúsculas. Recibe un fuerte beso desde el Sur.

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  2. Muchas gracias Anónimo desde el Sur.

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