jueves, 13 de noviembre de 2014

Contigo ya no temo - Cada momento cuenta



Puede suceder en un instante lo que se añora desde siempre, porque los destinos se cruzan en los meses más fríos. Cuando menos te lo esperas, la tierra y el cielo se unen, formando una fina línea en el horizonte. Tu mirada no la distingue, pero está ahí, entorna los ojos, agudiza la vista, escúchame. ¿La ves? Mírala bien porque ahora somos uno y el futuro, sin ese miedo a la incertidumbre, en este preciso momento, es únicamente nuestro.

Observas la serpiente tatuada sobre mi hombro, y te extraña porque no entiendes su significado, pero no juzgas nada, aunque sospechas que es el veneno que llevo dentro. Tu boca besa mi cuello, mientras mis manos dibujan los angulosos contornos de tu cara y mis labios pronuncian quedos:

 — Cariño, yo te quiero. Perdóname las dudas y los miedos, perdónamelo todo, tan larga espera. ¿Puedes? Vivamos el momento porque contigo ya no temo.

Y en nuestras elevadas cimas, más allá de lo que controlamos,  comienzan los deshielos.

Ahora sé en mi fuero interno, que no puede ser aquel, ni ese, ni otro, porque eres solamente tú.

Montando sobre tu espalda se me olvida el frío, el dolor y la inseguridad…  Te quiero desde hoy y para siempre, ahora lo sé.

Voy contigo donde nos lleve la imaginación. Suspiras, suspiro, brisas y vientos nos arrastran lejos de las nubes negras, tus pasadas y mis futuras; ya no hay sufrimiento, ni golpes, ni días vacíos, porque estoy yo, estamos seguros, y estoy contigo.

Ya no existe el inexorable paso del tiempo entre nosotros dos, espera un poco, pero no una hora que puede ser demasiado tarde, ni un segundo que es muy breve, espera lo justo para no dejarme morir en tu torso si ahora te perdiera. Sin pretender con tu cariño, día a día, me vas dando las pequeñas porciones de vida que voy necesitando para alejarme en cada jornada un poco más de mi triste final, porque aunque no te lo diga, aunque me lo calle, sabes que muero.

Llueve fuera y hace frío, pero no nos importa, no lo sentimos. Te abrazo, me abrazas, me besas, te beso, y sabes a sal.

Y cabalgando sobre tu espalda se me olvidan los días inciertos, las noches en vela, el silencio de esta muerte que me acecha, de este cáncer que me corroe, y de la ansiedad que producen los inciertos. Porque te quiero hoy y para siempre, pero ahora que lo sé y te siento a mi lado… la intensidad de este amor con el que te siento, es inmensa.


Laura Mir


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