martes, 9 de septiembre de 2014

Tonalidades imprevistas



Las olas blancas y espumosas del mar bravío, se acercan y lamen sus pies desnudos, dejándolos  en su retirada cubiertos de una pátina de sal casi transparente, arrastrada por remotos y profundos horizontes.

Después de dejar atrás playas atestadas de seres que se tuestan bajo el sol ardiente de mediodía, consigue encontrar una pequeña cala, casi inaccesible a la que ha llegado, no sin correr cierto peligro, pues atravesar por sus escarpadas rocas le produce un leve hormigueo en las piernas.

Es el pánico a dar un mal paso y caer a las profundas aguas del mar Mediterráneo, donde nadie la podría auxiliar, pero ahora ya nada teme, ha logrado su primer objetivo.

Despliega  su diminuto caballete en la arena y coloca el pequeño bastidor blanco que ha conseguido traer bajo el brazo y al que ha salvado de las embestidas del oleaje. Extiende su toalla, se despoja de las vestiduras que la atosigan y se introduce en las límpidas y cristalinas aguas de un exuberante azul añil. 

Después de darse un relajante baño, se tiende en la arena a esperar que caiga la tarde y aparezca en el cielo una maravillosa puesta de sol que ha visto sólo una vez en ese mismo lugar y a la que, ansía captar en su máximo esplendor.

Le parece divisar en el horizonte una cortina de lluvia, casi imperceptible, pero no le da importancia y piensa sólo, en que ojalá se mantenga allí cuando el sol tienda a desaparecer y con ella, el pequeño velero que hace un buen rato que observa, le hace un pequeño esbozo que culminará cuando se encuentre en su estudio.

Las horas pasan lentamente pero ella no tiene prisa, pues lleva esperando largo tiempo esta oportunidad. De vez en cuando varias gaviotas planean a su alrededor, serán el perfecto complemento para su pintura. Prepara su paleta y sus pinceles y vierte los diferentes óleos con los colores  que prevé va a necesitar.

Todo está dispuesto ya, cuando de pronto, una nube oscurece la tarde y un trueno lejano la sorprende. En cuestión de segundos, un pertinaz aguacero comienza a mojarla convirtiéndose de golpe en una tremenda tormenta que altera el cielo y el mar, espantándola con sus rayos. Se siente perdida, quiere recoger sus utensilios, pero solo tiene tiempo de esconder la tela y las pinturas en el recoveco horadado de una roca que se ha formado allí, después del choque continuado del  agua contra la piedra durante siglos.

Se entristece, adiós a su puesta de sol soñada y se dispone a recoger sus cosas y abandonar su objetivo, pero cambia de opinión y decide aprovechar la ocasión para comenzar a danzar bajo la lluvia que ya la tiene empapada.

De pronto ésta cesa, aún permanece en su retina  el cielo más bello que sus ojos hayan podido contemplar jamás.

Rápidamente saca el lienzo y los óleos que aún se encuentran  en su escondite y logra captar el momento preciso y sus diferentes tonalidades.

Satisfecha recoge su empapada toalla y todos los bártulos, sus únicos compañeros, esos que cada tarden la acompañan cuando sale a pintar. Emprende el camino de vuelta.

Atraviesa las mismas playas que ya a estas horas del atardecer se encuentran vacías, llevando  con ella aquellas imágenes de las marinas que hoy  ha podido captar, aquellos momentos que ya nunca olvidará y que le servirán de inspiración para plasmarlos en los diversos cuadros que está deseando comenzar.


Violeta Evori

8 comentarios:

  1. Un bonito relato de una aficionada a la pintura. Ambas disciplinas van íntimamente unidas, máxime teniendo en cuenta que escribir es pintar con palabras, y tú, has trasladado al papel esos paisajes que tanto nos embriagan. Mis felicitaciones.

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  2. Me ha parecido un texto delicado enriquecido con un léxico acertado como una tonalidad a un bonito cuadro. Felicidades.

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  3. Me ha gustado mucho. Las dificultades sufridas no se plasman en la pintura, gracias que hay escritoras, como tú, que nos enseñan con tu narrativa, cuan difíciles son las cosas aparentemente sencillas.
    He sentido cada impulso de sus piernas hasta la atalaya elegida.

    Enhorabuenas

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  4. Hola violeta.
    Dan ganas de ir a visitar esa
    cala, para ver esa puesta de sol,
    que seguro un día veremos en
    tu cuadro.
    Me ha gustado mucho tu relato.
    Un abrazo cordial.
    Benjamín.

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  5. Agradezco a todos por vuestros comentarios, este relato además está acompañado por una de mis grandes pasiones, la música.
    De corazón, muchas gracias

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  6. Agua arriba, agua abajo, AGUA. Y que el agua sea captada en un óleo, aceite que no puede mezclarse con el agua, para que ambos elementos sean Arte.

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  7. Muy buen escrito Violeta. Me ha gustado mucho el ritmo de tu escrito.

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  8. Felicidades Violeta un relato muy descriptivo con baile bajo la lluvia incluido, me ha encantado. Muchas gracias por compartirlo con nosotros. Un gran abrazo te lo mereces.

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